Una visión personal sobre la “Noción de vínculo”; La constitución del vínculo y el conflicto vincular


Por la laxitud con la que es usado el término vínculo, sobre todo si  lo entendemos en sentido amplio como “la ligadura o nexo entre dos o más elementos, es indudable que concierne a una idea fundamental en el pensamiento psicoanalítico desde sus inicios.

Rodolfo Moguillansky
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Introducción

Este escrito, como adelanto en el título, estará centrado en mi visión personal sobre la noción de vínculo.

Sin embargo, para entrar en tema y situar esta visión personal, no puedo dejar de decir que la noción de vínculo coexiste en la teoría y en la clínica psicoanalítica con las nociones de representación y relación de objeto, en tanto son parte de un universo común de conceptos.

Es importante, para aprehenderlas en sus diferencias, saber que las tres nociones aparecieron en distintos momentos de la teoría. Por razones de espacio sólo voy a detenerme muy brevemente en establecer sus diferentes orígenes, y me abstendré de deslindar sus múltiples acepciones y articulaciones. Tampoco, por las mismas razones, mostraré la pertinencia que tiene cada una de ellas en sus cruces y sus diferencias [i] .

Sólo me ocuparé, muy brevemente, de la noción de representación, luego tomaré, también de modo muy escueto, la de relación de objeto y la de vínculo. Finalmente, alrededor de esta última me extenderé proponiendo  mi visión personal sobre este concepto.

                                            I

REPRESENTACIÓN

1-No hay representación pre-experiencial para Freud.

 Para empezar a circunscribir la noción de representación en psicoanálisis recordemos que, según la teoría propuesta por Freud, el bebé no tiene al nacer representaciones del mundo que lo rodea. La distinción, tan cara al psicoanálisis, entre instinto (instintc) y pulsión (trieb), explica en parte esta peculiaridad.

El instinto, a diferencia de la pulsión tiene - de modo pre-experiencial - un objeto al que dirigirse. Freud nos enseñó que la pulsión, en cambio, no trae en sí un objeto predeterminado, ni una representación pre-experiencial que lo represente. Las representaciones se adquieren, y son dadas por el entorno, es el otro el que otorga significación a lo que demanda la pulsión. El sujeto de la pulsión depende de las significaciones que les son aportadas por aquellos que lo asisten (Freud, 1895) [ii] . Así nos dice que ante “la alteración interna” (alteración que expresa un malestar sin una búsqueda específica de un objeto en particular o de una mecánica para calmarla en su fuente) es “la asistencia ajena” (la madre) la que provee “el objeto de la satisfacción”, articulando la pulsión con un objeto que dará por resultado “la vivencia de satisfacción”, primer modelo del que partirá todo deseo posterior. Será tarea de pensamiento encontrar sustitutos simbólicos (representaciones sustitutivas) de la “primera representación objeto”, de este primer “objeto de la percepción” a “objetos del pensamiento”, es decir otras representaciones del mismo.

Una digresión, este es la perspectiva que más tarde acentuará Piera Aulagnier (1975) [iii] : es en las replicas del otro, que cada sujeto instituye su deseo y las representaciones a las que este se dirige. La clínica psicoanalítica, encuentra en la anterior teoría, uno de sus más importantes apoyos, para entender  la naturaleza incolmable del deseo, y pensarlo – al deseo -  como el intento – imposible - de reencontrar aquella primera significación, primera representación instalada por ese otro que le “dio un objeto, que le puso un nombre a lo que el necesitaba” instituyendo la mítica “vivencia de satisfacción”.

2-No hay aprehensión de la realidad, sólo  representación.

La insatisfacción humana, no sólo tiene que ver con lo irreproducible que es aquella experiencia que fundó al deseo; también es fuente de sufrimiento que las representaciones que el otro le dio y entonces se adquieren no reproducen punto a punto, nunca colma, lo que la pulsión reclama. La significación, la representación que se adquiere  de lo aportado por el otro, aun la más lograda, es siempre insuficiente. Es parte del modo de comprender del psicoanálisis, suponer que las  representaciones que tenemos de “la realidad”, en la que el otro nos incluye, no capturan, no aprehenden la realidad del objeto, no accedemos desde las representaciones al objeto real, a la cosa en sí misma, sólo podemos en un difícil transito – pobremente – simbolizarla, representarla.

En este punto es importante advertir que Freud, para explicar como se constituyen nuestras representaciones del mundo, descentró el origen y la constitución de las representaciones psíquicas de la percepción, al área del pensamiento.

Es consustancial con el psicoanálisis que representar es pensarlo, simbolizarlo.

 

II

UNA PRIMERA ELUCIDACIÓN DE LAS NOCIONES: RELACIÓN DE OBJETO Y VÍNCULO

1-¿Dos ideas ya instaladas o dos ideas en discusión? ¿Son responsables de un progreso teórico o no?

Si bien no han sido nociones iniciales del psicoanálisis,  han tomado gran  relevancia en los últimos años,  en parte por la difusión que han tenido, y también por las intensas discusiones que se han desencadenado en torno de ellas. Las vemos, desde hace tiempo,  formando parte del  vocabulario habitual de escritos psicoanalíticos,  y hasta circulando como  nociones que ya presumen de canónigas, con un supuesto significado compartido. Una evidencia de ello podemos  encontrarla, en que solemos  tener  la impresión que no hace falta aclarar el significado particular que se les adscribe, tanto en las oportunidades en que se las reifica,  como en otras en que se las denosta; aunque también es cierto, que  no siempre es claro que se quiere decir con ellas.

Para muchos se trata de nociones centrales de enorme poder explicativo, para otro grupo de psicoanalistas, también muy numeroso, son las responsables de los desvíos que han llevado al psicoanálisis a equivocar el camino, más aún, a veces son vistas, por los que adhieren a esta última perspectiva, como las responsables de haberle hecho perder lo más genuino al descubrimiento freudiano.

Como ejemplo de las críticas que se han hecho escuchémoslo a J. Laplanche (1971) [iv] : “en la medida en que el concepto de relación objetal, por definición, hace recaer el acento en la vida emocional del sujeto, ofrece el peligro de conducir  a algunos autores a considerar como principalmente determinantes las relaciones reales con el ambiente”. Esta cita muestra cabalmente  el temor que cundió  en el psicoanálisis, a  que estas nociones lo hicieran caer en proposiciones ambientalistas.

1-1-Origen de la noción "relación de objeto"

La noción "relación de objeto", pone en cuestión toda la polisemia que tiene dentro del psicoanálisis la noción de “objeto”.

A vuelo de pájaro  y como un primer pantallazo para ubicar el tema,  podemos decir que la idea “relación de objeto”, encuentra sus orígenes en los trabajos  sobre la identificación, que tienen un primer eslabón en el ensayo de Freud, "Duelo y melancolía" (S. Freud 1915) [v] ; una segunda estación en el "Breve ensayo sobre la evolución de la libido" de Karl Abraham (1924) [vi] en el que encontrará sus cimientos la teoría de Melanie Klein [vii] , quien la convertirá en una idea central que recorre toda su obra.

La noción de relación de objeto en la teoría de Klein, presupone entre otras cosas, poner en tela de juicio la teoría del narcisismo primario, planteando desde el vamos un yo que concibe la existencia  de un objeto y una disposición a relacionarse con él. Esta noción de relación de objeto, en la obra kleiniana, está indisolublemente ligada a la de "fantasía inconsciente" establecida por Susan Isaacs (1943) [viii] . La "realidad psíquica" está signada – para estos autores -  por los avatares de la fantasía, y toda percepción y construcción del mundo, en especial el mundo interno, estaría teñida por ella. En rigor el mundo interno de cada sujeto, para este punto de vista, está poblado de objetos internos, “la asamblea de objetos internos”, con los que el yo está en diálogo y las relaciones que tiene con los otros es a través de ellos y de las vicisitudes por las que atraviesan en virtud de las ansiedades que promueven.

Fairbarn, (1952) [ix] con una visión más radical sobre este problema, intentará  construir una conceptualización dejando de lado la pulsión y centrando la teoría en la idea de objeto, dirá: “la libido es buscadora de objetos”.

Una  importante discusión posterior se va a dar entre aquellos que reivindican la preponderancia de la  pulsión y los que piensan el papel central del objeto; su posible articulación o no.

Más tarde, la idea de relación de objeto  será también fuertemente usada por autores norteamericanos, como Edith Jacobson (1964) [x] y Otto Kernberg (1977) [xi]   aunque con un sentido distinto que el que tenía en la escuela inglesa

1-2-Origen de la noción de vínculo

La noción de vínculo es todavía más  tardía dentro de la teoría; remite a vertientes distintas que la de representación y la de relación de objeto.

La noción de vínculo por un lado, apareció desde la necesidad teórica de pensar al sujeto del inconsciente como un sujeto de herencia [xii] ; desde otra arista estuvo ligada a la creciente  importancia que empezó a tener  lo intersubjetivo en la constitución del sujeto. A esto se sumó el intento de explicar el padecimiento de un individuo desde lo que ocurre en sus vínculos, en especial la trama familiar.

Otro costado, que impulsó la teoría de la noción de vínculo, fue la consideración que comenzó a tener el sufrimiento vincular, así como la riqueza que brindaba para su comprensión, considerar a los sujetos en el seno de sus relaciones familiares. En la pos-guerra se empezaron a atender parejas y familias con un marco de referencia psicoanalítico [xiii] .

La creciente preocupación por explicar y tratar la esquizofrenia llevó a muchos investigadores, tanto dentro como fuera del psicoanálisis, a bucear en las familias causas y abordajes posibles [xiv] .  No menos trascendente fue la incorporación de nociones vinculares que enfatizaban el papel que jugaba la relación madre-bebe en la constitución de la subjetividad del bebe [xv] .

Las teorías sobre las relaciones del individuo con lo conjunto, y del conjunto con el individuo han enriquecido notablemente la comprensión psicoanalítica del vínculo.

Por último, en el campo de la Salud Mental fue crucial la declaración de la OMS de Alma Ata estableciendo el determinante papel de la familia  y la comunidad en el campo de la prevención primaria [xvi] . 

   1-3-No hay total consenso sobre las definiciones de relación de objeto y de vínculo

Por la multiplicidad de ámbitos a los que remite, es explicable que no haya consenso acerca de las definiciones sobre relación de objeto y vínculo. Según algunos  autores,  estas dos nociones toman diversas significaciones y recortan distintos referentes clínicos, para otros en cambio sólo se trata de diferencias semánticas, dos formas de referirse a lo mismo, dos nombres diferentes que en esencia describen un fenómeno idéntico. No falta quien piense que son conceptos incompatibles, incongruentes,  inconmensurables. Conviven en un territorio en donde se discute la noción de sujeto,  de objeto, de otro, de ajeno y  están en juego concepciones que suponen que para la comprensión de lo inconsciente no se puede prescindir de un vértice intersubjetivo. Digamos también que en este terreno las nociones relación de objeto y vínculo son ideas frecuentemente invitadas a participar  en las discusiones sobre causalidad y determinismo psíquico y también suelen estar  presentes cuando se esbozan teorías sobre la constitución subjetiva.

                                            III

LA NOCIÓN DE RELACIÓN DE OBJETO.

Una definición de diccionario. Relación de objeto: “Término utilizado con gran frecuencia en el psicoanálisis contemporáneo para designar el modo de relación del sujeto con su mundo, relación que es el resultado complejo y total de una determinada organización de la personalidad, de una aprehensión fantasmática de los objetos y de unos tipos de defensa predominantes” (J. Laplanche, 1971) [xvii] .

La  noción relación de objeto alude entonces a la relación que el yo tiene con un objeto, más precisamente con un objeto interno. Esta relación del yo o del self - según distintos marcos teóricos -, con el objeto interno, condiciona, media, colorea la relación con el objeto externo.

                                            IV

LA NOCIÓN DE VÍNCULO.

1-LA NOCIÓN DE VÍNCULO.

1-1-¿Vínculo, una noción presente desde los inicios en la obra de Freud?

Por la laxitud con la que es usado el término vínculo, sobre todo si  lo entendemos en sentido amplio como “la ligadura o nexo entre dos o más elementos, es indudable que concierne a una idea fundamental en el pensamiento psicoanalítico desde sus inicios.

1-2-¿Qué idea de vínculo tenía Freud en los inicios de su obra?.

a-        Que una representación adquiere significación para el psiquismo por su articulación (vínculo) con otra u otras, es un dato que está en la base conceptual del primer Freud, tanto en sus investigaciones psicopatológicas, como en su teoría del aparato anímico y su técnica terapéutica.

b-        El desarrollo de la teoría de la identificación, que desemboca en las instancias psíquicas antropomórficas de la segunda tópica, enfatiza el lugar del otro  asistente de la “vivencia de satisfacción”, afianzando su carácter estructurante en el marco de la trama edípica: los vínculos intrapsíquicos reproducen – aunque con transformaciones – los vínculos del sujeto con sus progenitores y se expresan en el vínculo transferencial que establece el paciente con el terapeuta en la cura.

2-La circulación de la palabra vínculo, como término teórico dentro del vocabulario psicoanalítico, es tardía

Freud da por lo menos tres modelos de lo conjunto: el de Totem y tabú, en el que nos explica como surge la norma social luego del mítico asesinato del padre; el de Psicología de las masas, mostrando como la masa se conforma en torno al común ideal del yo y el del Malestar en la cultura, en el que nos explica el sufrimiento que provoca tanto la insuficiencia como la inconsistencia de ella.

Sin embargo, aunque participemos de lo arriba enunciado, tenemos que admitir que  la circulación de la palabra vínculo, como término teórico dentro del vocabulario psicoanalítico, es más tardía.

Entre los modelos más desarrollados podemos nombrar esquemáticamente:

-El de Kaës [xviii] : ha llamado al ideal del yo una formación intermediaria, y coloca en la misma serie las identificaciones compartidas, los síntomas compartidos. Propone como una nueva formación intermediaria, el pacto denegativo.

-El de Berenstein y Puget (1988) [xix] sobre pactos y acuerdos inconcientes. I. Berenstein (1974) [xx] desde hace muchos años viene planteando que lo conjunto en la familia está determinado por una estructura familiar inconciente (EFI), que adjudica lugares.

-Lo postulado por Bion sobre los supuestos básicos (Experiencias en Grupos), que explica desde la mente individual como está signado el funcionamiento emocional de los grupos.

Con Seiguer hemos hecho una contribución a las bases emocionales de lo conjunto con lo que hemos llamado estados vinculares. 

3- Las razones que hicieron necesario incorporar la noción de vínculo

Desde por lo menos tres vértices se hizo necesario incorporar la noción de vínculo.

a-Desde la teoría en tanto el sujeto del inconsciente es un sujeto de herencia

b-Desde la clínica por el intento de explicar el padecimiento de un individuo, en especial la esquizofrenia,  desde lo que ocurre en sus vínculos, sobre todo en  la trama familiar.

c-Por los nuevos reclamos sociales, en especial la consideración sobre el sufrimiento vincular

                                                                      

 

V     

  UNA PERSPECTIVA PERSONAL SOBRE LA NOCIÓN DE VINCULO.

1-Introducción.

En este apartado daré mi visión personal sobre la noción de vínculo. Para hacerla más fluida no usaré casi citas y utilizaré un lenguaje coloquial.

1-1-El sentimiento de  pertenencia a lo conjunto

Voy a partir del sentimiento de pertenencia, con el cual todavía la teoría psicoanalítica está en deuda. Tomo este punto de partida,  porque probablemente sea una de los más fecundos campos para investigar las determinaciones desde lo conjunto.

Sabemos que los sentimientos de pertenencia juegan un papel central en las relaciones sociales. Solemos definirnos como hermanos en tanto ciudadanos de un mismo país, de una misma institución, etc. Buena parte de nuestra inclusión en lo conjunto y los valores que allí se generan, se explican y se sostienen bajo esta premisa; el sentimiento de pertenencia - vivido como ser parte de una misma familia - se hace presente en el saber popular del siguiente modo: si pertenecemos a lo mismo, somos lo mismo, tenemos los mismos intereses, deseamos lo mismo, tenemos una idea similar sobre "el bien común", o "lo común”

1-2-Una definición ostensiva de vínculo

La noción de vínculo es polisémica.

Voy a comenzar, con una definición ostensiva: cuando me propongo escribir sobre relación de objeto y vínculo, me siento  incluido en un conjunto, junto con ustedes, los lectores de este texto, investido como alguien  que tiene que definir estas nociones, cuando por otro lado por mis intereses, siempre ha sido para mi más próxima la idea de vínculo. Por otro lado me siento exigido a una discusión ecuánime sobre estas dos nociones.

Sigo con una definición clásica: "Pauta que conecta...la pauta que conecta es una metapauta. Es una pauta de pautas" Bateson [xxi] .

También podemos decir que el vinculo es una estructura inconciente, un conjunto al que se pertenece, cuya producción consciente son las relaciones entre un sujeto y otro u otros, que organiza lugares desde los cuales cada uno suplementa su subjetividad y es modificado.

Esto me lleva a una primera distinción entre persona y personaje. Llamo personaje a una persona concebida en una sola dimensión, o en quien una dimensión reemplaza a todas las demás; así personaje sería a persona como caricatura es a retrato. "Los lugares no coinciden con las características de quienes los ocupan, o personifican, estos lugares los desbordan. Lugar y persona se desbordan mutuamente. La ilusión de lo compartible en una estructura vincular es mayor que lo que efectivamente se comparte" (Moguillansky y Seiguer, Vida emocional de la familia, pag 114).

Lo vincular tiene como tarea lidiar no sólo con el malentendido sino con lo incompartible y procesarlo emocionalmente. La creencia de que lugar y persona coinciden es fuente de una certeza ilusoria. Del malentendido puede surgir un saber posible, lo que Kaës (1989; 1993) [xxii] llama negatividad relativa, lo incompartible sólo cabe soportarlo, a esto último Kaës llama negatividad radical.   Toda especulación vincular pone en tensión la oposición entre el lugar que otorga el vínculo y la persona que lo ocupa.

El vínculo distribuye lugares que se significan recíprocamente. En tanto estoy en un vínculo, yo como persona, me encuentro en un conflicto entre el personaje que me asignan encarnar, que imagino me atribuyen y aquel que presupongo ser. Esto no sólo pasa por la conciencia, lo conjunto creado por los sujetos a su vez sujeta y determina lugares inconscientes los que son fuente de sentido.  La noción de vínculo da entonces, una tarea extra para el psicoanálisis, llevar adelante una teoría de lo conjunto.

Cada persona simultáneamente pertenece a diferentes conjuntos, en donde le es otorgado un distinto lugar, se privilegia una determinada dimensión y se le atribuyen distintas significaciones.

Participar en un vínculo lleva siempre a un conflicto entre el lugar que es adjudicado, los sentidos que son atribuidos,  y las interpretaciones que ese sujeto hace de esas atribuciones. Este conflicto que tiende a apaciguarse por la vía del sobreentendido que encubre el malentendido entre estas diferentes fuentes de sentido y a la vez crea un saber que ilusoriamente elimina lo incompartible. Estas primeras frases preanuncian que uno de los temas que a mi juicio se debiera discutir, entre relación de objeto y vínculo,  es el de la direccionalidad del sentido.

La noción de vínculo presupone que no sólo significamos nuestras relaciones, sino que somos significados por ellas. Agrega, el pensarnos incluidos en un vínculo, una otra determinación inconsciente a aquella con la que estamos familiarizados con la mas clásica de "lo inconsciente".

2-Una breve explicación sobre cómo aporta la noción de vínculo a tres problemas distintos - aunque relacionados y difícil pensarlos por separado -.

Por una mayor comodidad expositiva prefiero formular estos problemas como preguntas:

¿Qué papel juega la noción de vínculo en la constitución subjetiva?

 ¿Podemos hacer una descripción psicoanalítica de los distintos vínculos que se establecen entre sujetos con un aparato psíquico ya constituido?

¿La noción de vínculo es articulable o pertinente en la práctica psicoanalítica, o dicho de otro modo, se puede describir la relación transferencial entre analista y paciente con la noción de vínculo?

Quiero mencionar que usamos permanentemente nociones vinculares para explicar la constitución subjetiva: "somos, antes de ser, en el sueño de nuestros padres" [xxiii] ; "nos terminamos de constituir luego de nacer en un vínculo con ellos [xxiv] en una trama que tiene la estructura del complejo de Edipo";  "dentro de esta trama los padres también se constituyen como tales"; o ideas como "espacio transicional" [xxv] ; "reverie" [xxvi] ; "violencia primaria y secundaria" [xxvii] ; "transmisión transgeneracional" [xxviii] ; "telescopage" [xxix] ; "identificación";  etc.

Llevan estas ideas a considerar al sujeto del inconsciente constituido según dos determinaciones convergentes, la primera: tributaria del funcionamiento inconsciente en el espacio intrapsíquico y una segunda: la exigencia de trabajo impuesta a la psique por el hecho de su ligazón con lo intersubjetivo, por su sujeción a los conjuntos de los que procede, familia, grupos, instituciones, etc..

3-¿Podemos hacer una descripción psicoanalítica de los distintos vínculos que se establecen entre sujetos con un aparato psíquico ya constituido?

Es para mí ilustrativa acerca de la noción de vínculo la siguiente frase: "no existe el sujeto separado y verlo así es el resultado de la percepción consciente".

Voy a discutir en este apartado:

3-1-Que teorías hay que repensar para incorporar la noción de vínculo.

3-2-¿Cómo entiendo un vínculo?.

3-3-¿Cómo queda a la luz de la noción de vínculo, la concepción de "lo inconsciente"?.

3-1- Que teorías hay que repensar para incorporar la noción de vínculo

Para incluir el vínculo, desde mi perspectiva, es necesario repensar o reformular varias ideas, entre ellas: la noción de contingencia del objeto; la del afecto como correlato subjetivo de la descarga; la del narcisismo; la del inconsciente; la de repetición; etc.

Sobre la contingencia del objeto acudiría a una cita de Green (1996): "se ha querido oponer la sexualidad (la pulsión) a la objetalidad siendo que, desde una perspectiva freudiana ambas son inseparables. Con el concepto de "relación" (de objeto), no se trata sino de dar nombre al vínculo sexual, sobre el presupuesto de que la esencia de la sexualidad no es solamente placer sino también vínculo". Con Seiguer (1996) [xxx] hemos sostenido que la idea de contingencia del objeto, no da cuenta dentro del vínculo sexual, de la complejidad emocional que presuponemos adscripta a la genitalidad.

Respecto del segundo problema, diría que un modelo que tiene por meta desembarazarse de la "energía" no puede abarcar y explicar los niveles crecientes de complejidad emocional vincular [xxxi] .

No quiero extenderme más en este punto, sólo nombrar que desde la noción de vínculo parece más adecuada una concepción de inconsciente abierto a nuevas inscripciones, un inconsciente que no se cierra con la represión de la sexualidad infantil [xxxii] .

Respecto de la repetición, la presencia del otro establece un tope - se ha intentado pensar esta cuestión con la idea de acontecimiento de Alain Badiou (A. Badiou, 1988) [xxxiii] - a la imagen anticipada  que se pone en juego (lo que habitualmente llamamos relación de objeto), desde el intento de reencuentro con un objeto pasado. Esta presencia opera, creando una ausencia que eventualmente puede ser simbolizada [xxxiv] . Estamos acostumbrados a pensar como el vacío de la ausencia necesita ser simbolizado, sin renunciar a esta formulación, estoy agregando que la presencia del otro crea una ausencia, al no coincidir el otro, con la anticipación que desde la relación de objeto se hace. En la repetición entonces se produce además una diferencia, ya que en el intento de reencuentro se suma  algo novedoso y traumático aportado por lo ajeno del otro. Me parece interesante en este punto como piensa la repetición Deleuze (D. Deleuze, 1968) [xxxv] , para este autor  lo que se repite es una diferencia.

3-2-¿Cómo entiendo un vínculo?.

Con el término vínculo se intenta cubrir las experiencias emocionales tanto derivadas de los intercambios estables como las de contacto inédito. Me voy a ocupar de las estables. Mantenemos diversas ligaduras estables dentro de nuestra realidad psíquica. Según el territorio en que tienen lugar se pueden distinguir [xxxvi] : las intrasubjetivas,  entre representaciones del cuerpo y su conexión con un otro; las intersubjetivas, entre dos yo deseantes, coloquialmente a este tipo de ligadura llamamos vínculo; por último las transubjetivas, con las representaciones psíquicas inconscientes socioculturales. 

Un notable efecto de la alianza, cuando es lograda, es la institución de un nuevo contexto de significación para sus miembros, un referente que relativiza los significados individuales y que es a su vez una nueva fuente de sentido para cada uno. Esto lleva a que desde el punto de vista de la organización simbólica que se constituye, opere como un nuevo nivel lógico, abarcativo de las generaciones que los precedieron.

Desde un punto de vista metapsicológico, la configuración de la alianza puede ser vista así como un nuevo paso de la represión primaria, que en su dimensión de corte implica una nueva renuncia al narcisismo [xxxvii] . De esta renuncia –renuncia a las certezas identificatorias dadas por la pertenencia a la familia de origen -, de esta nueva castración surge un nuevo sujeto, el sujeto del vínculo [xxxviii] , aquel que puede poner en juego la capacidad vincular y que a mi juicio tiene acceso a la genitalidad [xxxix] . En ese sentido la alianza es una simbolización de la pérdida [xl] o quizás el encuentro con el cual se cicatriza.

Este salto lógico, al realizar un corte en el orden del parentesco, produce una discontinuidad de sentidos que relativiza las causalidades vigentes hasta entonces.

Estas resignificándolas desde nuevas formulaciones que configuran la identidad del nuevo grupo familiar.

Desde esta perspectiva, en términos de corte, la alianza es al parentesco como la función del padre es al complejo de Edipo. Este nivel de transformación da cuenta también de la invariancia que hace cadena con la serie generacional; se está así relacionado con el pasado pero admitiendo la creación de categorías de sentido inéditas. La alianza opera de esta forma como una nueva matriz creativa.

 

 

3-3-¿Cómo queda a la luz de la noción de vínculo, la concepción de "lo inconsciente"?.

Se ha discutido desde distintas perspectivas si nos sigue resultando satisfactoria la idea de que el inconsciente se cierra con la represión  de la sexualidad infantil, y que luego sólo tenemos reediciones o repeticiones de lo que allí se instauró. No voy a tomar toda la polémica en torno de este punto, sólo me referiré en lo atinente al problema que enmarca este apartado.

Cuando pensamos que el inconsciente se cierra con la represión de la sexualidad infantil sostenemos que todas las elecciones de objeto son “sólo” intentos de reencuentro con el objeto perdido. Acentúo lo de “sólo” porque este es el punto en discusión. Ningún psicoanalista dejaría de acordar si suprimiéramos lo de “sólo”. Pero si pensamos que en el intento de reencuentro se crean nuevas marcas, la noción de inconsciente cerrado titila.

Desde “no le creo mas a mi neurótica”, el origen del significado lo encuentran los psicoanalistas dentro de cada sujeto. Freud nos decía en esa dirección que lo más real es el deseo inconsciente. Con lo de más real quería decir que allí encontrábamos los significados. Lo conjunto para esa perspectiva se instituía desde los individuos. Kaës ( )ha insistido que lo conjunto es además instituyente del yo. El yo significa lo conjunto y lo conjunto significa el yo. Cuando (el significado) se origina en las relaciones de objeto, en lo intrasubjetivo, concebimos que el significado se orienta desde un adentro irradiándose hacia un afuera coloreando el mundo y la relación con los otros. En el mundo intersubjetivo significado también proviene desde el vínculo. En el mundo transubjetivo los significados socioculturales invisten tanto al mundo interno como al vincular.

4-En la constitución del vínculo familiar se dan nuevos momentos de constitución narcisista. Institución de “Lo Uno”.

Estoy acentuando que en la constitución del vínculo se dan nuevos momentos de constitución narcisista que actúan [xli] como nuevos momentos de constitución subjetiva.

Sostengo que todo vínculo intersubjetivo estable se instituye apoyado en el cimiento de una experiencia fusional. Experiencia fusional amasada con la argamasa del encuentro ilusorio con lo idéntico o lo complementario. Este “encuentro” presupone haber constituido entre ambos, “Lo Uno”.

No por ilusorio, este “Uno” instituido por la pareja para constituirse como ilusorio deja de ser estructurante.

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Sobre la premisa ilusoria  de tener la misma ilusión, se cree haber encontrado o “un ser gemelo”, o “un ser complementario”.

En esa operación se desmienten las diferencias,  lo heterogéneo se lo vuelve homogéneo y, de ese modo, se aproxima en una articulación posible lo diverso, fundándose  un nuevo conjunto al que se siente pertenecer.

Redundando, todo vínculo intersubjetivo estable se instituye apoyado en el cimiento de una experiencia fusional. Experiencia fusional amasada con la argamasa del encuentro ilusorio con lo idéntico o lo complementario.

A mis ojos es la consistencia narcisística de ese “Uno lo que da las bases para que se instituya el “nuevo conjunto” y es por su eficacia que, quienes lo conforman, devienen otros sujetos: “sujetos del vínculo”.

Lo conjunto creado por los sujetos, entonces, a su vez sujeta y establece lugares inconscientes que también son fuente de sentido, generando una nueva fuente de significaciones inconscientes que los determina, produciendo en consecuencia una nueva subjetividad.

5-La pertenencia al vínculo

El vínculo genera pertenencia, se pertenece a un nuevo vínculo, y se hace lugar en ese lazo a una nueva “familiaridad”.

El sentimiento de pertenencia creado por el nuevo conjunto que se ha instituido con el enamoramiento produce nuevas identidades, emerge con él un sentimiento  - ilusorio – de homogeneidad. Se configura así una espacialidad cuyos bordes son establecidos por este nuevo conjunto al que se siente pertenecer. Surge entonces entre los miembros del vínculo una expectativa de reciprocidad y un sentimiento de propiedad que no puede ser cuestionado. Como esto hay que mantenerlo se exige un permanente reconocimiento de “la realidad del vínculo”.

Sugiero que todo vínculo intersubjetivo estable tiene como cimiento una experiencia fusional que se da sobre el modelo del encuentro ilusorio con lo idéntico o lo complementario (lo que Kaës llama negatividad por obligación): his majesty the baby, en la relación parento-filial; el enamoramiento en el vínculo de alianza; los fenómenos de masa en las instituciones; las transferencias preformadas en el vínculo analítico.

6-La constitución de la alianza un "nuevo acto psíquico".

Cada familia, se funda con la constitución de un nuevo vínculo de alianza, que tendrá que constituirse con autonomía de aquellas de las que se desprendió, en particular la antropología ha insistido en el desprendimiento  de la familia materna.

Si bien, la familia nuclear está pautada por una legalidad transubjetiva ‑ en última instancia por la cultura ‑ y se constituye sobre la base de reediciones de prototipos infantiles, en tanto es necesario renunciar a las certezas identificatorias dadas por la pertenencia a la anterior familia, el nuevo orden intersubjetivo que instala la alianza supone tales consecuencias creativas que, parafraseando a Freud, se puede justificar considerarla como un "nuevo acto psíquico".

Estas representaciones del vínculo tienen una marca corporal, por ejemplo en el enamoramiento se construye una representación de cuerpo compartido [xlii] , etc. En ese estado fundacional no hay sensación de alteridad, se elimina lo ajeno, lo diferente y se es parte de "lo uno". La consistencia narcisística de lo uno se articula en una función de formulación, la formulación de un dogma del cual se heredarán ideales vigentes en ese vínculo. Presuponer este modo de fundación no parte de un observable, es reconstruible desde la queja, la desilusión que se establece en cada vínculo por el pasado perdido.

Cada vínculo estable tiene que lidiar a poco andar con algo del orden de la desilusión, de lo negativo [xliii] : una falta, una ausencia, un estorbo, un retardo, una interrupción por referencia a una continuidad ilusoriamente posible. Tanto desde nuestra realidad psíquica individual como en los vínculos que constituimos, no nos resulta fácil concebir el dolor como parte integrante de la vida mental.         

7-El nuevo-nuevo acto psíquico: Una aleación de contradicciones y equívocos. La creación de un imaginario común ilusoriamente nuevo y sin antecedentes

 

Este comienzo hace que no se sienta como inherente al vínculo el conflicto, el malestar.

8-El sufrimiento en el vínculo es obra de algún suceso que ha interrumpido un estado previo de gracia.

Una creencia habitual en el seno de lo conjunto que se ha creado es que el dolor el malestar o el sufrimiento han aparecido por obra de algún suceso que ha interrumpido un estado previo de gracia. El mito del Edén, según el cual fuimos expulsados del paraíso por cometer el pecado original, es una creación social que da forma a esa creencia. Algún uso de la teoría del trauma entre los psicoanalistas, a mi juicio tiene un sentido similar.

En esa línea, intentando darle a esto que digo encarnadura clínica, diría que el malestar que motiva la consulta - que llamo malestar en el vínculo - no suele ser concebido por los consultantes como propio del vínculo ni tampoco como inherente a él. Habitualmente es pensado por parte de sus integrantes como ectópico, como una malformación que casi siempre está asociada a una teoría (o varias contrapuestas) que explica la aparición del mismo.

Por eficacia del malestar que motiva la consulta, los integrantes del vínculo pierden lucidez, por momentos parecen desatinados hasta niveles que lindan con lo grotesco, el discurrir es  pasional, no piensan bien, o no todo lo bien que piensan en otros lugares, o en otros vínculos, o en otros momentos en el mismo vínculo. Dejan de ser como habitualmente son: las palabras suben de tono, surgen los gritos, se ponen groseros, en ocasiones se insultan y  llegan a una repulsa generalizada e irracional de lo procedente del otro.

En el “acmé” de los “estados de malestar  vincular” nada de lo oído “cae bien”, nada de lo que se dice “cae bien”. Buena parte de lo que proviene del otro es sentido como preñado de malas intenciones; esta intencionalidad, esta mala intencionalidad en realidad,  colorea el intercambio y a su vez da razón a la mala intencionalidad propia.

En los estados de malestar se pierde la intención de comunicar. Las palabras, desmedidas en tono, altura e intensidad, no parecen tener por fin comunicar ideas. Parecen destinadas a penetrar en la mente del otro, para acallarlo, anularlo o inmovilizarlo. Predomina  el uso performativo  de la  voz y de los gestos. Se suele perder la esperanza que el otro sea fuente de una  disposición bondadosa. Los exabruptos, por ejemplo, son frecuentes y no son tomados como parte de cualquier relación humana y, más aún, de las íntimas y pasionales; se los suele escuchar, por el contrario, como una confesión, como si se hubiera accedido, exabrupto mediante, a la verdadera naturaleza del otro, a un momento de verdad. Suelen sentir que han accedido al fin a “la verdadera naturaleza del otro: “ahora sí lo conozco … tanto tiempo al lado de él (ó de ella) y no me había dado cuenta como era realmente”.

 

De modo esquemático se pueden dibujar tres destinos dentro del vínculo para tramitar el malestar vincular dado por la inevitable desilusión que hay que procesar en cada conjunto (voy a tratar de hacer una descripción de estos destinos, lo más evocativa posible, desprovista de la nomenclatura psicoanalítica habitual):

8-1-el intento de recomponer la situación inicial.

Lo que  mejor expresa ésto, es la clínica del reproche [xliv] .

En oportunidades el malestar en el vínculo organiza en la consulta un discurso basado en el reproche. Mediante el reproche se reclama ante algo que frustra o priva, afirmando que hay una causa o un responsable para que “lo negativo” se produzca. Para el reproche no hay azar, ni algo inefable; le da un sentido pleno a la ausencia de sentido desplegándose una causalidad que explica lo que no debió ocurrir.

Pienso que esta formulación sobre el reproche es similar a la descripción de Bion de -K; ver Bion 1962, en tanto en ocasiones vemos en un vínculo en el que predomina el reproche, una configuración similar a la de un  grupo dominado por el supuesto básico de lucha y fuga.

La lógica del reproche está originada en un error o maldad ajena o propia, tomando en este último caso la forma del autorreproche.  Suele centrarse en el malentendido dado por la disyunción entre atribución e interpretación, intentando el aniquilamiento de una de las versiones (puede ser la propia en el autorreproche). Dentro del reproche hay una dificultad de imaginar una terceridad o un espacio ajeno, autónomo al vínculo, no concibiéndose la existencia de algo irreductiblemente incognoscible o inasimilable del otro. Se intenta a través del reproche reinstalar las míticas condiciones iniciales, que suele tomar la forma que conocemos como la polarización sadomasoquista

El reproche, en el campo de la consulta, inviste transferencialmente  al analista, con la “convicción” - creada por “la ilusión de tener la misma ilusión” - que “hay una única posible representación  en el mundo vincular que comparten. De esta investidura resulta que los reproches que se propinan  toma la forma en la mente del analista de argumentos contradictorios, mutuamente excluyentes. Los voceros de los reproches inoculan la toma de partido por parte del analista generando el peligro, por parte del analista  de crear  “una alianza” con alguno de los “voceros de la versión verdadera”. El analista, para sostener su lugar de analista, tiene que poder transformar “lo contradictorio” de los argumentos, basados en una lógica binaria en “diversos”, para que sea posible transformar el “malestar en el vínculo” en “malestar vincular”.

8-2-La pérdida de complejidad vincular.

El Malestar en el vínculo, suele tramitarse por la vía de la pérdida de complejidad vincular; es la expresión del fracaso en un vínculo para convivir con un mundo relacional impregnado por sentimientos, el vacío emocional que reemplaza la emoción ante la desilusión.

El correlato individual lo podemos evocar quizás en  el cinismo, o en algunos retraimientos narcisistas.

Corresponde al intento de solución frente al dolor psíquico por vía de la pérdida de complejidad vincular. La trivialización dentro del vínculo es una de sus consecuencias.

El vínculo se transforma, cuando hay una pérdida de complejidad vincular, en  un club inglés. Esto lo digo  por referencia a una descripción de Chesterton acerca de los clubes ingleses que a mi juicio ejemplifica este tipo de relación. Chesterton dice que en los clubes ingleses no se habla ni de política, ni de religión, ni de dinero, ni de mujeres. Concluye, en fin no se habla de nada que valga la pena. La pérdida de complejidad vincular genera un discurso desapasionado, vacío, poco interesado en el vínculo.

Cuando en la consulta el malestar en el vínculo, se organiza como pérdida de complejidad vincular, el analista puede verse conminado a “restaurar el vínculo”, corriendo el peligro de transformarse en “un casamentero”, o invitado a participar en el clima de vacío y desesperanza vincular

El correlato individual lo podemos encontrar quizás en  el cinismo, el retraimiento narcisista o en la clínica que resulta del splitting forzado descripto por Bion (1962).

8-3-La contención de lo negativo: Estados vinculares.

Alude a un estado emocional que supera el reproche. Lo sustituye al contener la desilusión. Es el sentimiento sin resentimiento, la emoción no indiferente ante lo no esperado, ante lo no significado, ante lo imposible de significar, sin recurrir a una causalidad (a mi juicio esta descripción es compatible a nivel individual con al menos una versión de posición depresiva). Es la condición de posibilidad de una mayor complejidad vincular. Cuando es posible a nivel vincular contener esta negatividad, se produce una creación de lo común  en la que se tensa al máximo la diferencia (podemos encontrar una correlación entre esta formulación y contener la emocionalidad del conflicto estético del que nos habla Donald Meltzer y Meg Harris (1990) [xlv] . Concebir este hiato (lleva a recortar y tolerar una alteridad irreductible, lo que Kaës (1976) llama "negatividad radical", que excede la disyunción entre atribución e interpretación) crea las condiciones para pensar un espacio exterior al vínculo. No pienso que cuando se contiene lo negativo se acceda a una fantasía en común (como la que propone Baranger) [xlvi] , sí, si se tolera puede darse un procesamiento de las emociones no determinista y sin una secuencia causal, que contenga emocionalmente esta dimensión traumática dada por la inasimilable de los sujetos incluidos en el vínculo. Cuando se cree alcanzar una fantasía en común se reinstala la ilusión fusional del narcisismo. 

Se da un estado vincular, cuando el “desencuentro no saldable” evita caer, mediante una “lógica binaria”, en una catarata de reproches, puede poner en cuestión las “causalidades supuestamente comunes”. Puede entonces tener lugar en el vínculo un procesamiento de las emociones no determinista y sin una secuencia causal. Esto implica contener  emocionalmente la dimensión traumática dada por el encuentro con la inconsistencia de lo conjunto. En este desencuentro se evidencia que el malestar se debía a lo inasimilable del otro, que los sobrentendidos opacaban malentendidos, que en rigor “no se entienden”. Este “no entenderse”, tomar contacto con “la alteridad radical del otro”, puede llevar a un “encuentro en el desencuentro”, sostenido sólo por la “confianza”. En este desencuentro se evidencia que el malestar se debía a lo inasimilable del otro, que los sobrentendidos opacaban malentendidos, que en rigor “no se entienden”. Este “encuentro en el desencuentro”, suspende la historia, colapsándo la ilusión de tener representaciones comunes.

Sugiero que sólo en este estado los integrantes del vínculo son “ajenos”; en estas condiciones de negatividad las palabras operan como significantes,  y es posible concebir tanto la disyunción entre la atribución  y la interpretación de significados, como la imposibilidad de terminar de significar lo vincular.

Cuando esta negatividad no se sostiene, siendo ésto lo habitual en nuestras conversaciones cotidianas, operamos con significados fijos, al modo de lo que Money Kyrle (1961) [xlvii] describe en la realidad ingenua, y en algunos casos el diálogo se distorsiona hasta tal punto que se participa en un diálogo de sordos, compatible con la descripción de Bion (1960) de "reversión de la perspectiva".

Como contrapartida, la complejidad emocional dada por la tolerancia a la realización negativa en el vínculo permite simbolizar  el espacio de la desilusión. Con simbolizar quiero decir llegar a algo equivalente a lo que Money Kyrle (Ibid) llama lenguaje de segundo orden o Green procesos terciarios (1995) [xlviii] . El significado que se puede extraer de la ausencia (lo que Kaës negatividad relativa) deja siempre un resto (lo que Kaës llama negatividad radical).

Cuando es posible contener la negatividad vincular se hace cierto que el ámbito de la experiencia personal no se colma con la visión que yo tengo de mí y del otro, es además parte de la experiencia, lo que se llama metaperspectivas - mi visión de la visión que tiene el otro de mí -.

Tenemos, cuando se contiene la negatividad, un vínculo entre un yo y otro sujeto (observen que no digo objeto) con pasión en juego (vínculo L y H) y además ese otro no es anticipable, ni cognoscible totalmente. Es un otro no asimilable por las representaciones que se tienen de él, es un otro a conocer (esta es mi versión de vínculo K).  No alcanza sólo con la teoría de la identificación proyectiva, ella no da cuenta ni del tope que el otro pone a la fantasía anticipatoria que tengo de él, ni a la influencia que el otro ejerce sobre mí con la imagen que él tiene de mí. Esto me va a llevar más adelante a discutir como la noción de vínculo sitúa al sujeto de manera distinta respecto de la direccionalidad de los sentidos determinados por lo inconsciente.

Como adelanto, diría que al yo de cada vínculo se le imponen dos trabajos: desde su propio inconsciente y desde el vínculo. Los dos recortan dos zonas opacas para él y las dos lo determinan. La pertenencia a lo conjunto, desde esta perspectiva, da una otra marca de división subjetiva, agrega una nueva herida narcisista a las tres descriptas por Freud. 

En resumen, pienso que en el vínculo, en su mejor rendimiento tenemos una alternancia entre estados fusionales (sin alteridad, cuyo modelo lo encontramos en el enamoramiento) y estados en donde la desilusión puede ser contenida y se concibe la alteridad, siendo esta conciencia de lo inasimilable fuente de encuentro.  Esta alternancia no siempre se logra y cuando esto sucede observamos toda la clínica del reproche o la pérdida de complejidad emocional que puede estabilizarse y burocratizar el vínculo.

9-El vinculo: oscilación y alternancia entre el orden y el desorden emocional

Dentro del vínculo distingo un aspecto estable (un establishment vincular), hábitos, costumbres, sobreentendidos y también peleas cincelados por los ideales heredados de los modos fundacionales; y una turbulencia derivada de lo no asimilable del otro dentro del vínculo. La complejidad emocional, la pienso como el resultado de abarcar, no siempre con éxito la oscilación y alternancia entre el orden y el desorden vincular. Encolumno como orden la consistencia ilusoria de los estados fusionales derivados del sentimiento de lo uno y lo que considero sus retoños, los aspectos organizados y estables del vínculo. Llamo desorden al colapso que acompaña cada pérdida de esa ilusión, como también a una de sus alternativas, su modulación a través de la contención dada por la negatividad. Con contención quiero decir, que si bien la alteridad es irreductible en el vínculo, compartir emocionalmente esta desventura crea un sentimiento vincular, al que con Seiguer llamamos "confianza". Los aspectos organizados del vínculo se estabilizan alrededor de una regularidad de intercambios que dan orden y previsibilidad.  El establishment vincular se condensa en historias compartidas y de él surge lo que llamamos "seguridad"; de esta seguridad deriva una de las fuentes del sentimiento de pertenencia. En él la conciencia de la opacidad del otro es mínima, en cambio dentro de la negatividad contenida dentro del vínculo la alteridad es máxima.

En su mayor desarrollo la emocionalidad dentro de un vínculo es alternante; se debe tolerar la ansiedad frente a la transitoriedad de la experiencia de encuentro que no puede ser sostenida, que entonces se organiza y se contiene a través del establishment. Cuando sólo existe éste (lo establecido) el vínculo pierde pasión, se estereotipa y queda como una cáscara vacía.

 



Notas:

[i] Para más detalles, ver, R. Moguillansky, 1999, Vinculo y relación de objeto, Polemos, Buenos Aires

[ii] S. Freud, 1895, Proyecto de una psicología para neurólogos, Tomo 3, Obras Completas, Amorrortu, Buenos Aires, 1997

[iii] Piera Aulagnier (1975), Violencia de la interpretación, Amorrortu, Buenos Aires

[iv] Laplanche, J., 1971, Diccionario de Psicoanálisis, Labor, Barcelona.

[v] S. Freud, 1914-16, Trabajos sobre metapsicología, Obras completas, Tomo 14, Amorrortu, Bs. As. 1991)

[vi] Abraham, Karl, 1924, Breve ensayo sobre evolución de la libido, en Psicoanálisis   Clínico, Horme, Bs. As.,1973.

[vii] The Writings of Melanie Klein, Hogarth, London, 1975

M. Klein, es probablemente la autora que más ha contribuido a la noción “relación de objeto”. Pretendo dar sólo unas pocas claves, que sirvan como coordenadas para los no familiarizados con sus escritos, y que a los iniciados seguramente va a resultar redundante

Para empezar a situar estas claves diría, que así como podría explicarse de un modo esquemático, que la teoría de Freud, sobre todo el primer Freud, encuentra su ecuador en el conflicto que le plantea al yo la realización de deseos que retornan desde la sexualidad infantil reprimida, también, en una extremada simplificación, se podría describir la obra de M. Klein como una teoría que quiere dar cuenta como el yo enfrenta la ansiedad que despiertan los instintos, en especial los destructivos, en medio de un conflicto moral. El mito de origen postulado por M. Klein dice que nacemos con instintos, alguna expectativa innata y un aparato precario, capaz de unas pocas operaciones: un yo rudimentario que divide sus experiencias y las agrupa a través de un código binario en buenas y malas.

Es parte del modelo kleiniano, la postulación  que en toda actividad psíquica  subyace una fantasía inconsciente desde la que la experiencia toma la forma de relacion objetal. El yo hace frente a la ansiedad, en sus inicios, mediante escisiones, resultando un yo escindido con relaciones con objetos buenos y malos. La fantasía inconsciente, una ideación fantástica primitiva, establece una estructura de orden lógico que recorta, organiza y codifica la experiencia. El código dentro del mundo interno kleiniano, evoluciona desde la posición esquizoparanoide a la posición depresiva. Desde los diversos conflictos que plantean las pòsiciones esquizoparanoide y depresiva, podrá entenderse el objeto interiorizado, que polarizara entonces las tendencias  a la integración  o a la desintegración; este objeto interno  se constituirá, para este punto de vista, en fundamento de la realidad psíquica. La fuente de sentido es interna.

El concepto “relación de objeto” entonces, está estrechamente ligado al de “posición” (M. Klein, 1946, Notes on some schizoid mechanisms, Writings of M. Klein), y al de "fantasía inconciente" (Isaacs, Susan, 1943, The nature and function  of phantasy, en M. Klein y otros,  en  Developments in Psychoanlysis , Hogarth Press 1952). Si hay una fantasía, para esta perspectiva, esta incluye una relación objetal. Lo de posición va, porque describir una relación objetal, supone reconocer qué ansiedades le son propias y de acuerdo a ellas será el tipo de relación que tendrá el yo con los objetos. Simplificando la cuestión en aras de la síntesis que tengo que hacer, tomando como eje la posición, se pueden distinguir tres tipos de relación objetal:

a) las de la posición esquizoparanoide, en las que las relaciones son narcisistas; el paciente vive (en su fantasía) dentro del cuerpo de la madre. Las relaciones son siempre centrípetas, no se piensa otra relación con los objetos que no sea la concebida desde la persecución y ésta siempre está dirigida al yo. Predomina la identificación proyectiva. Las ansiedades presentes son paranoides, en ellas sólo importan los peligros que amenazan al yo. Dentro de este panorama imperan confusiones de diversa índole.

b) los de la posición depresiva. Se mantienen relaciones con objetos que en la fantasía han sufrido algún tipo de daño. En esta posición tiene lugar la “reparación” y es posible la “sublimación; se pueden reconocer dos subtipos de relaciones objetales:

ba) las que se dan cuando predominan las defensas maníacas.

Se caracterizan por la negación de la importancia del daño que sufren los objetos, y si a este  daño se lo reconoce se le quita relevancia suponiendo que  puede reemplazar  fácilmente los objetos dañados por otros. El sentimiento de culpa que existe en este tipo de relación objetal toma la forma de un reclamo.

bb) las que se dan cuando la posición depresiva alcanza su punto culminante.

En éstas los objetos obtienen progresivamente todas sus virtudes. Las relaciones en ese punto son semejantes a las que se describen en el final del Complejo de Edipo (para este modo de conceptualizar en este momento empieza a ser posible la represión): el padre puede reparar a la madre y ella a los hijos; el yo, sólo si está identificado con estos objetos, padre y madre, puede a su vez efectuar reparaciones. La culpa es la misma que está presente en la elaboración de un duelo.

[viii] Isaacs, Susan, 1943, The nature and function  of phantasy, en M. Klein y otros,  en  Developments in Psychoanlysis , Hogarth Press 1952.

[ix] Fairbarn, R.,  1952, An object-relations theory of the personality. Basic Books, New York

[x] Jacobson, Edith, 1964, The self and object world, International Universities Press, New York.

[xi] Kernberg, Otto, 1977, La teoría de las relaciones objetales y el psicoanálisis clínico, Paidos, Bs. As. 1979

Kernberg, en su concepción adhiere a un modelo evolutivo, siguiendo los lineamientos  descriptos por Margaret Mahler. Sugiere un curso en el que se van diferenciando las representaciones de sí mismo y las objetales. Propone la existencia de una primera etapa de indiferenciación, una relación simbiótica normal con la madre, que abarca el primer mes de vida, en la que se constituye una representación indiferenciada sí mismo- objeto. Luego una segunda etapa, en la que se consolida esta representación, que se convertirá en el núcleo del sistema del sí mismo (lo que los autores norteamericanos llaman self) en el yo; una tercera en la que se diferencian las representaciones del si mismo y las representaciones objetales e incluye la integración de las representaciones “buenas” y “malas” en un concepto total. Adviene una cuarta que abarca el periodo edípico, en donde se desarrollan las estructuras intrapsíquicas superiores, derivadas de las relaciones objetales. Esto finaliza en una quinta en la que se consolida la integración del superyo y del yo.

Kernberg realiza importantes disquisiciones en torno al tipo de internalización, y modalidades de identificación, que exceden lo que este texto pretende. En un intento de dar una semblanza reproduzco algunas frases que reflejan su posición (Kernberg, 1977): “En resumen, mi propuesta general es que los afectos representan disposiciones innatas a una experiencia subjetiva en la dimensión del placer y del displacer…la diferenciación del afecto tiene lugar en el contexto de la diferenciación de las relaciones objetales internalizadas…los afectos placenteros y dolorosos son los principales agentes organizadores de las relaciones objetales internalizadas ´buenas´ y ´malas´” (pág. 85). Según el enfoque de este autor  las causas de los trastornos psicopatológicos, y su comportamiento en el setting analítico reflejan el tipo de relación de objeto internalizada.

El comentario es pobre e injusto con la extensa obra de Kernberg. Tiene sólo el interés de enfatizar el papel que tiene, también en la teoría de esta analista, como en la de muchos norteamericanos, la relación de objeto (internalizada). Ella va a regir en el tipo de relación que cada persona  tiene con sí-mismo y con lo que lo rodea.

[xii] René Kaës, El pacto denegativo, en Lo negativo, Amorrortu, Buenos Aires.; Nicolas Abraham y María Torok,1978, L´ecorce et le noyau, Aubier Flamarion, Paris.

[xiii] Uno de los pioneros en estos intentos fue Henry Dicks, un discípulo de  Fairbairn. Dicks tuvo entre otros méritos crear el servicio de tratamiento de parejas en la Tavistock Clinic en Londres después de la segunda guerra mundial. Escribió la larga investigación que allí llevó a cabo en Marital Tensions. Dicks, Henry, 1970, Tensiones matrimoniales, Hormé, Bs.As.

[xiv] Fromm-Reichmann Frieda, 1939, Transference problems in schizofrenics, Psychoanalytic Quaterly, vol 8, N° 4.; -Fromm- Reichmann, Frieda, 1950, Principles of Intensive Psychterapy, University of Chicago Press, Chicago; está traducido como Principios de psicoterapia intensiva; Bateson, G.,  Jackson, D., Haley, J.,  y  Weakland, J., 1956, Hacia una teoría de la esquizofrenia, en Pasos hacia una ecología de la mente de G. Bateson, Planeta-Carlos Lohle, Bs. As. 1991;  Lidz, T., Cornelison, A., Carlson D.,y  Fleck, S.,1957,  Intrafamilial enviroment of schizofrenic patients: the transmission  of  irrationality, AMA, Archives of neurology and Psychiatry, 79: 1958. Wynne, L., Ryckoff,  Day y  Hirsch, Pseudomutuality in an the family relations of squizophrenia. Psychiatry,  en I. Boszormenyi-Nagy y J.L. Framo, Intensive  family therapy, Harper and Row, New York, 1965

[xv] Margaret Mahler, 1968, Simbiosis humana: las vicisitudes de la individuación, Editorial Joaquin Mortiz, Mexico, 1972; Winnicott (1953, Transitional objects and transitional phenomena: A study of first not me possession. Int J. Of Psicho-Anal. 34, 89-97; 1971, Playing and Reality. Basic Books, New York); Bion, W., 1962, Aprendiendo de la experiencia, Paidos, Bs. As.,1966.

[xvi] La Conferencia Internacional sobre la Atención Primaria de Salud (convocada por la OMS), reunida en Alma Ata, el día 12 de septiembre de 1978, considerando la necesidad de una acción urgente por parte de todos los gobiernos, de todo el personal de salud y de desarrollo y de la comunidad mundial para proteger y promover la salud de todos los pueblos del mundo, hace la siguiente declaración,… afirma en el punto V:

“La atención primaria de salud es atención sanitaria esencial, basada en la práctica, en la evidencia científica y en la metodología y la tecnología socialmente aceptables, accesible universalmente a los individuos y las familias en la comunidad (la cursiva es mía) a través de su completa participación, y a un coste que la comunidad y el país lo puedan soportar, a fin de mantener en cada nivel de su desarrollo, un espíritu de autodependencia y autodeterminación. Forma una parte integral tanto del sistema sanitario del país (del que es el eje central y el foco principal) como del total del desarrollo social y económico de la comunidad. Es el primer nivel de contacto de los individuos, las familias y las comunidades (la cursiva es mía) con el sistema nacional de salud, acercando la atención sanitaria el máximo posible al lugar donde las personas viven y trabajan, constituyendo el primer elemento del proceso de atención sanitaria continuada”.

[xviii] Käes 1989, El pacto denegativo en los conjuntos trans-subjetivos, en Lo negativo, Amorrortu, Bs. As.1991; Käes 1993, El sujeto de la herencia e Introducción al concepto de transmisión psíquica en el pensamiento de Freud en Transmisión de la vida psíquica entre generaciones, Amorrortu, Bs As.

[xix] Berenstein y Puget 1988. 1988, Psicoanálisis de la pareja matrimonial, Paidos, Buenos Aires

[xx] Berenstein I 1974, Familia y enfermedad mental, Paidos, Buenos Aires

[xxi] Bateson, G.,  Pasos hacia una ecología de la mente de G. Bateson, Planeta-Carlos Lohle, Bs. As. 1991.

[xxii] René Kaës, El pacto denegativo, en Lo negativo, Amorrortu, Buenos Aires.

  [xxiii] Freud (1914) enlaza el estatuto narcisista del sujeto con el del sujeto de la intersubjetividad, al apuntalar el narcisismo sobre el de la generación que antecede. A los hijos les es trasmitido los "sueños irrealizados de los padres".

  [xxiv] Freud (1914) "El individuo lleva efectivamente una doble existencia: una en la que es para si mismo su propio fin y otra como miembro de una cadena  a la que está sujeto contra su voluntad o al menos sin la participación de ésta"

[xxv] Winnicott, D., 1953, Transitional objects and transitional phenomena: A study of first not me possession. Int J. Of Psicho-Anal. 34, 89-97; 1971, Playing and Reality. Basic Books, New York

[xxvi] Bion, W., 1960, A theory of thinking en Second thoughts.Selected Papers on Psichoanalysis, Heinemann, Londres; Bion, W., 1962, Aprendiendo de la experiencia, Paidos, Bs. As.,1966.

[xxvii] Aulagnier, P 1975, La violencia de la interpretación, Amorrortu, Bs. As, 1977.

[xxviii] Nicolas Abraham y María Torok,1978, L´ecorce et le noyau, Aubier Flamarion, Paris; Claude Nachin, 1995, Del símbolo psicoanalítico en la neurosis, la cripta y el fantasma, en El psiquismo ante la prueba de las generaciones, Amorrortu, Buenos Aires, 1997

[xxix] Haydée Faimberg, A la escucha del telescopaje de las generaciones, en La transmisión de la vida psíquica entre generaciones, Amorrortu, Buenos Aires, 1996

[xxx] R. Moguillansky y G. Seiguer, 1996, La vida emocional de la familia, Lugar, Bs. As.

[xxxi] Este tema lo hemos discutido en extenso con G. Seiguer en nuestro artículo "Reconsideración de la genitalidad" (en La vida emocional de la familia, Lugar, Bs. As.,1996).

     [xxxii] Puget dice "en determinadas circunstancias ´fluctuaciones de origen externo e interno pueden generar nuevas estructuras y, por ende, convertirse en fuentes de orden´ (Lo que está entre ´es una cita de Prigogine). Ello sustenta dos funciones...:la función adaptativa,..., y la función inovadora, que depende de la influencia de acontecimientos incontrolables. Estos son capaces de introducir elementos innovadores que pueden ser anulados como intrusos o generar nuevos modos de funcionamientos y engendrar una nueva sintaxis".

[xxxiii] Alain Badiou, 1988, Manifiesto por la filosofía, Cátedra, Madrid, 1990

  [xxxiv] No alcanza con la mera presencia del otro para que este tope lleve a considerarlo distinto de como lo anticipamos (lo anticipado es lo que llamamos relación de objeto). Para que lo inasimilable del otro se conciba como ajeno es necesario un trabajo vincular, que tiene como fundamento contener emocionalmente esta diferencia. Esta contención emocional es lo que más adelante llamo negatividad.

[xxxv] D. Deleuze, 1968, Diferencia y repetición, Jucar, Madrid, 1988

   [xxxvi] Esta distinción  pertenece a I. Berenstein y Puget.

  [xxxvii] En términos vinculares, el narcisismo debe ser reformulado como persistencia de la ligazón con las familias de origen o con sus significaciones. Aunque "renuncia" se acomoda a la descripción, no queda plenamente contemplada la dimensión emocional que queremos abarcar, por lo que sugerimos que se lo piense también como "donación".

  [xxxviii] Surge cierta dificultad para nominar globalmente a cada integrante del vínculo. "Yo" lleva el arrastre de la significación de la teoría estructural y corre el riesgo de sugerir que el vínculo no incluye a la totalidad del aparato psíquico de cada integrante, o que concebimos un aparato psíquico familiar; "sujeto", o para nuestras preferencias "sujeto del vínculo" en el sentido en que P.Aulagnier (1975) utiliza el concepto de sujeto del grupo, nos parece elegible para el momento en que se plasma un estado vincular, pero no sería adecuado cuando éste no se alcanza. "Persona", "individuo", "integrante", "miembro", también connotan en exceso.

[xxxix] R. Moguillansky y G. Seiguer, 1991, Reconsideraciones sobre la genitalidad, en La Vida emocional de la familia, Lugar, Buenos Aires, 1996. 

  [xl] Solo cuando ha perdido este nivel simbólico, alianza y avunculado pasan a estar en un mismo nivel lógico y puede haber conflicto entre ellos.

[xli] Remedando la constitución del Yo.

     [xlii] Berenstein y Puget, ya en 1988 (Psicoanálisis de la pareja matrimonial) habían llamado la atención sobre como las separaciones eran vividas al modo del miembro fantasma, clínica atribuible a la fusión entre los yoes.

     [xliii] Negativo aquí está usado en el sentido coloquial del término, como inverso de lo positivo; también aparecerá en el texto negativismo y negatividad que aluden a fenómenos diversos.

     [xliv] En un artículo que es ya clásico, Puget y B

[xlv] Meltzer, D. 1990, Aprehensión de la belleza, Spatia, Buenos Aires

[xlvi] Baranger, M y W, 1969, Problemas del campo psicoanalítico, Kargieman, Buenos Aires,

[xlvii] Money Kyrle, R. 1961, The construction of our World model in Man´s Picture of his World, Duckworth, London.

[xlviii] Green, A., 1995, La metapsicología revisitada, Eudeba, Buenos Aires