La fugacidad del instante: Manet
"Aunque hoy la obra del impresionismo sea devotamente visitada en el Museo de Orsay, no fue nada sencillo, para los impresionistas, introducir un cambio en el modo de representar"

La fugacidad del
instante
Rodolfo Moguillansky[1]
1-Ver para creer
Ver
para creer dice el dicho popular. Se suele decir que si vemos creemos y que creemos
si vemos. ¿Qué vemos cuando miramos? Es frecuente que sintamos que cuando vemos
atrapamos la verdad del mundo. Esta idea de atrapar el mundo con nuestra mirada
es solidaria con la idea de que las cosas “son como son y están a la vista”: “al
pan, pan y al vino, vino”.
No es habitual
que cuando miramos consideremos que a través de la percepción solo tenemos impresiones
y que lo que vimos, entonces es sólo una versión momentánea de un instante
fugaz, y además visto desde un cierto ángulo y desde un determinado estado
subjetivo.
2-¿Nuestras
representaciones mentales espejan el mundo?
La
certeza que le solemos dar a nuestros ojos nos viene desde la razón clásica,
que creyó que el mundo podría ser
espejado, tomado mediante la representación (figuración plástica de una
representación mental). Este modo de pensar que se inauguró en la Florencia de los Medicis - en el humanismo del renacimiento -, intentó,
desde esta razón, devolver al hombre la legitimación ética dada por la percepción
directa de su mundo. Recordemos que la obra del renacimiento creo figuraciones
en las que nos vemos embargados por una intensa emoción, que surge a partir de
producciones que crean la vivencia
de entrar en una relación directa con lo representado.
La sociedad, en la que
florece el renacimiento, no tiene en su vértice al soberano sino al burgués que
ha conquistado la signoria con la fuerza, el ingenio, e incluso el
fraude; la sociedad del Quatrocento es una sociedad que cree en el valor de los
fenómenos reales y presentes, es una sociedad activa en la que cada uno vale
por lo que hace y no por misteriosas investiduras transmitidas. Esta sociedad,
en donde la burguesía empieza a tomar poder, está interesada en conocer objetivamente
la naturaleza y en ella la historia, congruentemente con esta actitud, da cuenta de los
movimientos y de las consecuencias de la acción.
El cambio de actitud subjetiva, en el
territorio del arte, que emerge en el Quatrocento,
puede ser planteado del siguiente modo: el artista previo, el artista medieval,
era responsable de la ejecución de su obra, porque los contenidos e incluso los
temas de las imágenes le eran dados; en cambio el artista del renacimiento debía
encontrar y definir lo que iba a hacer, no trabajaba según directrices ideológicas
impuestas por una autoridad superior o por una tradición consagrada.
Con esta variación del
paradigma dominante, el artista renacentista, pasa a ocuparse de lo que se ve y
no de lo que se oculta detrás de las apariencias, el valor para él residía en
lo que el intelecto construía sobre el fenómeno.
2-La
representación de los objetos cambian con los cambios de la luz. La impresión
subjetiva.
Sin
descalificar el monumental paso que, como vimos, se dio en el Renacimiento, los
impresionistas, sugirieron que esta pretensión de haber descubierto el modo de
representar la naturaleza tal como lo veían los pintores clásicos descansaba en
una concepción errónea. Alegaban que los artistas que los precedían
representaban a los objetos y al hombre en condiciones muy artificiales, en un
estudio, donde la luz cae a través en una ventana, y empleaban gradaciones de
la luz a la sombra para dar la impresión de volumen y solidez.
Ellos,
los impresionistas, quisieron representar los violentos contrastes que tienen
los objetos y los hombres a la luz del sol. Dieron expresión a la cambiante impresión subjetiva que la luz nos da de
lo que vemos.
3-Si los objetos cambian con los cambios de
luz, titilan los puentes que tenemos con
el pasado.
Querían,
con estos nuevos supuestos, abolir el puente tendido en nuestra subjetividad
hacia el pasado y así afrontar la realidad, liberando a la sensación visual de
cualquier experiencia o actitud preconcebida que pudiera prejuzgar sobre su
inmediatez.
Los
impresionistas realizaron un estudio experimental de la realidad, dedicándose
preferentemente al Sena, se propusieron reproducir de la forma más inmediata
posible, con técnica rápida y sin retoques la impresión luminosa y la
transparencia de la atmósfera y del agua con puras notas de color al margen de
cualquier graduación de claroscuro evitando utilizar el negro para oscurecer
los colores en sombra. Al ocuparse exclusivamente de la sensación visual,
rehuyeron la “poeticidad” del motivo.
4-El desayuno sobre la hierba

El desayuno
sobre la hierba de Manet, fue la tela emblemática, y fundadora de este nuevo
modo de ver el mundo.
Con
Manet y los impresionistas advenía un nuevo modo de ver lo que ya había sido
visto. Manet no introduce una revolución con el tema que pinta. El motivo y la
composición del Dejeneur sur l´herbe
de Edouard Manet, una
conversación entre figuras vestidas y desnudas en un paisaje ya había aparecido
en un cuadro veneciano El concierto campestre atribuido a Tiziano. Lo
innovador del Dejeneur sur l´herbe
es la transparencia del agua en la sombra húmeda del bosque, las figuras
incluso vistas en el escorzo, se presentan como zonas de color plano, sin pasar
del claro al oscuro y sólo varían entre ellas por el distinto modo en que la
luz es reabsorbida y reflejada. La luz no es un rayo que cae sobre los cuerpos,
acentuando las partes sobresalientes y dejando en sombra las interiores: la
cantidad de luz se identifica con la calidad de los colores; la luz se identifica con el color; no hay
distinción entre la luz y la sombra, entre las cosas y el espacio. Manet en el Dejeneur
sur l´herbe recompone una
representación clásica de acuerdo a valores a los que es sensible la conciencia
“moderna”.
5-Como es habitual este nuevo modo de ver
lastimaba el modo de ver de la época.
Pero
este cambio que propusieron los impresionistas lastimaba el habitual modo de
ver y por ende los valores de la época. Forma parte de la vergonzante historia
de la humanidad, el rechazo que
recibió El almuerzo sobre la hierba
(Dejeuner sur l´herbe) de
Manet en el salón de 1863, junto a otras obras. La historia también recuerda
que el emperador Napoleón II se puso de
parte de Manet y autorizó a los “rechazados” a exponer en salas anexas, el Salón de los rechazados, pero este
reconocimiento del emperador no se vio acompañado por el gusto de los
asistentes. Las crónicas de la época destacan los sarcasmos del público y de la
crítica, alguna de ellas decía “los visitantes más graves se desternillan de
risa”. La crítica elogiaba, en cambio, la producción más tradicional, las Venus
de Cabanel, Baudry y Amaury-Duval, que se exhibían simultáneamente en los
salones oficiales. Cabe destacar que el emperador, pese a darle un lugar al
cuadro de Manet en la exposición, éste no iba del todo con sus preferencias estéticas,
porque a la hora de comprar, adquirió el Nacimiento de Venus de Cabanel[2],
y fue este cuadro a completar la colección real del Palacio de Luxemburgo,
mientras que la pintura ejecutada por Manet permaneció veinte años en el
estudio del artista antes de venderse.
6-No es gratuito, ni sencillo intentar un
cambio en el modo de representar
Lo que
quiero acentuar, aunque es obvio, que aunque hoy la obra del impresionismo sea
devotamente visitada en el Museo de Orsay, no fue nada sencillo, para los impresionistas,
introducir un cambio en el modo de representar. Hoy felizmente conviven bajo el
hermoso edificio de la reciclada Estación de ferrocarril de Orsay El nacimiento de Venus de Cabanel y el Desayuno sobre la hierba en salones
contiguos.
7-El momento
Me resulta importante advertir que dejaba de
interesar a los impresionistas crear esa ilusión de realidad que tanto había
atraído a los pintores del renacimiento.
La tela que pintaban era el pretexto para expresar
una realidad de luz y color tal como el pintor la percibía.
La naturaleza o el motivo cambian a cada
momento, Claude Monet así nos lo
muestra con la serie de telas que pintó sobre las fachadas de la Catedral de
Rouen, en las sucesivas figuraciones que hizo sobre el puente japonés, o en la
nimpheas, expuestas muchas de ellas en la hermosa casa, donde funciona el Museo
Marmotan, ubicada en los bordes de la Bois de Boulogne en París.

John Berger dice que se podría argumentar que las
veinte pinturas de la Catedral de Rouen, vista a diferentes horas del día y
bajo diferentes condiciones climáticas, fueron la prueba sistemática de que la pintura nunca volvería a ser
la misma; había que admitir desde
entonces que cada apariencia podría considerarse una mutación y que la propia
visibilidad debía considerarse un flujo.
8-¿Impresiones o conocimiento?
El Impresionismo trataba de realzar el papel de las
impresiones. A contrario sensu de lo que sugería el Impresionismo la
gente cree, o suele creer que no tiene impresiones de las escenas que le
resultan profundamente familiares; el saber popular supone que “Una impresión”
es algo más o menos efímero; es lo que queda atrás cuando la escena ha
desaparecido o se ha modificado. Sobre lo conocido, se suele afirmar, no
tenemos “impresiones”, tenemos conocimiento, así lo diría el saber popular. Sin
embargo por intensa o empírica que haya sido la observación en un momento,
posteriormente resulta imposible de verificar a la impresión; sucede lo mismo
con los recuerdos.
9-Una
nueva relación entre la
escena y el espectador
El impresionismo creó entonces una nueva relación
entre la escena y el espectador, poniendo en crisis ese supuesto saber popular:
la escena no puede ser conocida en su fijeza, es más fugitiva, más quimérica;
dada la vaguedad y la falta de precisión, nuestra mente se ve compelida para
fijarla a acomodar el recuerdo
extrayendo del pasado otros recuerdos ligados a otros sentidos y que resultan
apropiados para la ocasión: un aroma, una tibieza, una humedad, una textura, la
duración de una tarde. Cuando más intensa es la experiencia, tanto más se
produce. Esto lo llevó a decir a Monet: “El motivo es para mí del todo
secundario; lo que quiero representar es que existe entre el motivo y yo”

10-la instantaneidad de la impresión
-¿Qué es lo que cambio entonces el impresionismo, al
menos desde el punto de vista privilegiado en este texto? Antes del impresionismo, el espectador entraba en una pintura,
su marco o sus bordes eran un umbral, la pintura en cuestión creaba su tiempo y
espacio propio, y la experiencia con la pintura mirada era incluso más clara de
cómo suele ser en la vida, permanecía inalterable y podía ser visitada; había
una permanencia en el espacio. El Impresionismo cerró ese tiempo y ese espacio;
lo que muestra una pintura impresionista es que lo figurado ya no esta allí. El Impresionismo al cerrar el
tiempo y el espacio en los que la pintura anterior había podido preservar la
experiencia, trajo como consecuencia
que el pintor y el espectador se encontraron más solos que nunca, más
agobiados por la ansiedad de su propia experiencia efímera y carente de
sentido.
Con el impresionismo a la par de una disolución de
las formas se privilegiaba la instantaneidad
de la impresión, dejando de jugar un papel tan central la historia. Pronto
se abriría paso una mayor inmersión en el mundo interior del artista.
[2] Hoy este cuadro está expuesto, junto a los
rechazados impresionistas en el Museo de Orsay en París.





