¿Qué se le discute a Freud –en especial al Freud teórico- cuando se lo caracteriza como un neurofisiólogo determinista que piensa con modelos físicos?


Una contribución a la elucidación de una discusión no totalmente saldada en una interfase teórica del psicoanálisis* [1].

Rodolfo Moguillansky
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A la memoria de mi padre

(por su libertad para pensar)

 

Cualquier modelo de comunicación es al mismo tiempo un modelo de traslado, de transferencia vertical u horizontal de significado. No existen dos épocas históricas, dos clases, dos localidades que empleen las palabras y la sintaxis para expresar exactamente lo mismo, para enviar señales idénticas de juicio o hipótesis. Tampoco dos seres humanos... Sin embargo la tradición oculta sostiene que una lengua original, única o Ur-sprage corre disimulada bajo nuestras discordias actuales y que tal vez se encuentra en estado latente bajo el áspero tumulto de lenguas rivales que siguió al derrumbe  del zigurat de Nemrod…A su etimología directa, divina, la Ur-sprage añadía una congruencia con la realidad de la que carecería cualquier otra lengua después de Babel…

George Steiner[2]

 

 

La apertura de una polémica.

Cada trabajo, además de comunicar ideas, de modo implícito o explícito está dirigido a  alguna cuestión que tiene resonancia, o entra en consonancia con el medio en que se produce. Este, en particular, tiene como referencia a la comunidad de psicoanalistas que integramos  en derredor del Río de la Plata (Ricardo Bernardi[3] 2000). Aunque también tenemos la impresión que la polémica que queremos contribuir a abrir,  es una discusión no saldada no sólo en esta geografía, sino dentro de todo el movimiento psicoanalítico.

La comunidad psicoanalítica del Río de la Plata tiene como característica contener en su seno múltiples corrientes teóricas con un intercambio bastante fluido entre ellas. Sin embargo, en ocasiones, algunas de las formulaciones que en ella circulan, además de su significado teórico, toman el carácter de shibolet, se vuelven emblemáticas y definen pertenencias. Sabemos que cuando ocurre esto las teorías dejan de ser “construcciones”[4], pasan a forman parte de lo que, siguiéndolo a Bleger[5], merece ser llamado lo “institucionalizado de la mente”. Ideas que no necesitan ser discutidas, que constituyen una “jerga”  -en el sentido que le da Adorno[6] a este término- y entonces operan  como convicciones, tienen la congruencia con la realidad del Ur-sprage a la que aludía George Steiner en el epígrafe, no siendo aptas para la discusión. “Lo institucionalizado” de la mente  no sólo convierte  el intercambio entre colegas en un dialogo de sordos, sino que también -“lo institucionalizado” de nuestra mente- condiciona nuestras ocurrencias y contribuye al modo en que comprendemos –o mejor dicho no comprendemos- y más tarde formulamos nuestras interpretaciones.

        

Entender es traducir

Cada corriente teórica construye su propio idiolecto, y acuña términos que le pertenecen. Hablamos distintas lenguas, cada “parroquia” tiene su diccionario sólo entendible, casi siempre, para los iniciados en esa comunidad. Sería ingenuo pensar que por debajo de la Babel del psicoanálisis subyace un Ur-sprage. ¿Podemos entendernos? Es una experiencia corriente cuando estamos ante una persona que fue educada en otro idioma, que para referirse a algo importante para él recurra a una expresión idiomática que pertenece a su lengua de origen, y que al intentar explicarlo en castellano se sienta insatisfecho, y termine diciendo “es algo parecido a lo que estoy diciendo, pero no es exactamente eso, en ´...´ (mi idioma) tiene otra resonancia”. En la misma dirección George Steiner, en “Después de Babel” nos dice –desde fuera del psicoanálisis- que “cada persona viva dispone, deliberadamente o por la fuerza de la costumbre de dos fuentes lingüísticas: la vulgata corriente que corresponde a su nivel de cultura personal, y un diccionario privado. Este último se relaciona de manera inextricable con su subconsciente (sic) y con sus recuerdos, en la medida en que son susceptibles de verbalización, y con el conjunto singular e irreductible que compone su personalidad psicológica y somática. La respuesta al conocido acertijo lógico de sí puede haber o no un “lenguaje privado” reside, hasta cierto punto, en el hecho de que todo acto lingüístico posee aspectos únicos e individuales, que establecen lo que los lingüistas llaman un idiolecto. Todo gesto comunicante posee un residuo privado” (Ibíd)., Pág. 67) Pero aunque reconoce la imposibilidad de una traducción que no deje algo sin significar, también afirma que “dentro o entre las lenguas, la comunicación humana es una traducción”, entender es traducir. Ya hace tiempo Jacques Derrida[7], aumentó la apuesta cuando nos advirtió sobre la producción de sentido que puede darnos la intertextualidad.  

 

¿Dónde está mi ciencia? He sido un testarudo, he perseguido un simulacro de orden, cuando debía saber que no exige orden en el universo.

-Pero sin embargo, imaginando órdenes falsos habéis encontrado algo...
-Gracias Adso, has dicho algo muy bello. El orden que imagina nuestra mente es como una red, o una escalera que se construye para llegar hasta algo. Pero después hay que arrojar la escalera, porque se descubre que, aunque haya servido, carecía de sentido.

                                   Humberto Eco[8]

 

¿Evolución, involución o distintas construcciones teóricas?

En algunas oportunidades en “un intento de traducir” se caracteriza a una teoría desde otra con juicios que aparentemente sólo intentan describir, aunque, en rigor, se trata de adjetivaciones que  crean una estratificación de buenas y malas teorías, antiguas y nuevas, psicoanalíticas y no psicoanalíticas. Se postula a veces que la “otra teoría” es un primer y rudimentario escalón de una “evolución” siendo la nueva teoría  el resultado más acabado; en otras oportunidades se piensa que un nuevo modo de pensar es una “involución”, que traiciona los escritos fundacionales. Participamos junto con Bernardi (Ibíd.), que este modo de “argumentar” no permite el intercambio entre colegas y entre diferentes posturas teóricas. “Cada posición o enfoque construye su propio campo discursivo, al cual considera, en forma más o menos explícita como es el verdadero psicoanálisis, no tomando en cuenta sino fragmentariamente las posiciones divergentes” (Pág.4). Se pierde la dimensión de la que nos habla Ecco, a través de su personaje Guillermo, cuando le responde a Adso: las teorías son sólo redes o escaleras.  

El debate que queremos contribuir a abrir -que tiene a nuestro juicio algunos de estos vicios- transcurre en la interfase entre la obra de Freud y la obra de Meltzer, o para ser más preciso entre algunas caracterizaciones que Meltzer hace acerca de la teoría de Freud y en forma recíproca, las que se hacen  desde continuadores de Freud acerca de ellas. No es nuestro propósito plantear un debate global entre estas  teorías, sino transformar las caracterizaciones recíprocas en un problema, intentar elucidarlas. Esto implica traducir –con toda la dificultad que ya hemos advertido tiene este propósito-, lo que a nuestro juicio se está implícitamente diciendo con algunas afirmaciones, lo que creemos nos va a  permitir armar una suerte de agenda para una discusión con algunas de las categorías que se suelen aplicar.

Es entonces una suposición nuestra, que en las adjetivaciones, están en juego puntos de vista alternativos, con toda la legitimidad que esto tiene y  querríamos  contribuir al esclarecimiento de ellos. Nos parece importante ponernos de acuerdo que estamos frente a distintas “construcciones” teóricas (en la línea que propone Bertrand Russell). Si llegáramos a ese resultado podríamos  poner  a “trabajar la teoría” (en el sentido que le da Laplanche) y elegir luego –provisoriamente- cual preferimos[9]. Este trabajo apunta a aumentar la racionalidad –dentro de lo que esto es posible- de estas preferencias.

 

Thus they in mutual accusation spent

                          The fruitless hours, but neither self-condemning:

                          And of their vain contest appeared no end[10]

                                                             John Milton

 

Sobre la necesidad de trascender la objeción “0”

Con frecuencia, en una simplificación de posiciones, escuchamos la caracterización de la obra de Freud como la de un “neurofisiólogo cuya comprensión de lo emocional se basa en los modelos físicos de su época”. Desde otra perspectiva se suele calificar a algunas postulaciones postkleinianas como teñidas de una pátina religiosa.

Nos proponemos examinar con algún detenimiento estas posiciones. Sabemos  que corremos un enorme riesgo; seguramente se nos puede acusar que seleccionamos las citas de un modo arbitrario, que podríamos haber usado otras que sustentarían otras visiones. No tenemos dudas que esta crítica es entendible[11]. Las citas que elegimos son aquellas que nos permiten polarizar posiciones, son en ese sentido sesgadas –toda cita lo es- y no representan la obra total de estos autores.

Ya hemos advertido que no es nuestro propósito contrastar la totalidad de la obra de Freud con la de Meltzer, o viceversa, esa es una tarea que excede los límites de este escrito. Por otro lado cada teoría no se opone punto a punto a la otra, a veces sus posturas son complementarias, otras son inconmensurables, en oportunidades plantean frente a un mismo problema soluciones diversas.  Nuestro fin es mucho más acotado, es intentar sacar, dentro de nuestras humildes posibilidades, una discusión que se desarrolla en ocasiones,  en términos similares a los que sostienen Adán y Eva en la cita de John Milton,  lo que Jacques Alain Miller llamó en su conferencia de APdeBA a mediados del 2000, objeción “0”, objeción que quita toda posibilidad de dialogo. La objeción “0” es la que descalifica al interlocutor como alguien con quien no vale la pena dialogar. Tenemos la impresión que a veces en estos puntos tan fuertemente adjetivados corremos ese peligro.

 

Los argumentos de un debate.

Una punta de este debate encuentra sus cimientos en ideas como las siguientes. S. Leclaire[12] en 1972 dio una serie de conferencias y supervisiones en la Asociación Uruguaya de Psicoanálisis. En un pasaje del diálogo, que mantuvo en Montevideo con psicoanalistas uruguayos, frente a un comentario que decía: “la escuela kleiniana postula como hecho primario la intencionalidad, y Ud. plantea como hecho primario la diferencia establecida por la división del sujeto, S. Leclaire contestó: “Plantear como fundamental una intencionalidad es un resto de religiosidad, una forma de poner en algún lugar del  cuerpo una intención divina”. Sería importante examinar la distinción entre el vértice religioso, del que se enorgullece Meltzer por estar contemplado en la teorización kleiniana, en tanto incluye un mundo de valores, y la “intención divina” con la que Leclaire denosta la postura de su interlocutor.  Por razones de espacio, en este trabajo no vamos a abordar esta cuestión. Tenemos la intención de que esto sea motivo de una próxima indagación. De todos modos nos parecía que teníamos que mostrar las dos puntas de estas adjetivaciones.

Nos vamos a ocupar singularmente de la otra punta:  la caracterización de Freud, en tanto teórico, como un neurofisiólogo determinista que piensa con modelos físicos por parte de Meltzer. Esta caracterización es el núcleo duro de un cuestionamiento global que él hace a una teoría, que a su juicio no es adecuada para dar cuenta de fenómenos emocionales. Meltzer insiste en distintos textos que los modelos físicos –que a su juicio subyacen a la teoría de Freud, en especial en el Proyecto, el capitulo 7 de la interpretación de los sueños y la metapsicología del 15 - no sirven para comprender el mundo de emociones humanas. Que así como fue rechazada la teoría de “la escena de seducción” –en la carta 69 a Fliess- en tanto presuponía una hipótesis traumática, y fue dejada de lado –cuando no le creyó más a su neurótica- como “un cuento de hadas” es necesario –así lo considera él- contraponer el concepto de “la mente es el cerebro” al concepto de “la mente como fenómeno”. Meltzer considera al Freud clínico como afín al segundo –al que reivindica y supone seguir sus pasos-, y al Freud teórico operando con el primero –al que cuestiona y sugiere que hay que dejar de lado-. Su posición incluye la necesidad de un pasaje (D. Meltzer, 1990, Metapsicología ampliada; ¿qué es una experiencia emocional?) “desde una ciencia explicativa preocupada por las causas –la de Freud según Meltzer-, a una ciencia descriptiva más preocupada por el significado” (Pág. 17) -la que él propone-.  A su juicio el psicoanálisis debe ocuparse de la”experiencia emocional con el fin de explorar su significado”... “en tanto que el sentido inmediato es experimentado como emociones quizás tan diversas como los objetos capaces de evocarlas en esa forma inmediata, su significación siempre se refiere, en última instancia, a las relaciones humanas íntimas” (Pág. 22).

También su postura incluye la necesidad,  para la comprensión psicoanalítica, incorporar los cambiantes fenómenos culturales, y sugiere que al son de ellos ha habido cambios en la psicopatología. Así dice en ¿Por qué la historia? (Meltzer, 1978, Desarrollo Kleiniano): “En cien años, ha habido una gran oscilación del péndulo, y no poco ha sido justamente atribuido al impacto ejercido por el trabajo de Freud sobre la cultura occidental. No obstante, el péndulo ha pasado de la hipocresía del doble sistema de valores victoriano a la más solapada hipocresía de la decadencia. El contexto de antaño favorecía la formación de síntomas en el territorio del conflicto sexual, ahora hace a la consolidación de las perversiones en el carácter” (la cursiva es nuestra) (Pág. 8).

 Lo anterior nos sirve como prólogo para arribar a nuestro objetivo central en este escrito. Explorar no el cuestionamiento global que Meltzer hace, sino los argumentos singulares en los que se apoya,  para llevar adelante esta caracterización de Freud. Veamos entonces (Meltzer, D., 1978)[13]  su comentario a “Tres ensayos…”. Allí  afirma que “Freud se transformó desde un neurofisiólogo determinista (con neurofisiólogo determinista hace  referencia a los modelos teóricos de Freud, que diferencia de la aproximación clínica del mismo, que la califica como sigue -lo que figura entre paréntesis es nuestro-) a ser un psicólogo fenomenológico”. Meltzer fundamenta esta caracterización –la del Freud teórico- en  varios tópicos. Dice que para Freud “El instinto sexual, era considerado como una función corporal carente en si misma de significado, el que posteriormente podría obtener mediante una posterior elaboración de su conexión con objetos”…(sigue más abajo)… ”Ahora bien, no sabemos si darle a esto el nombre de teoría o modelo, o forma de pensar. Probablemente sea más útil tomarlo como un modelo o forma de pensar, el más natural para el Freud de su época. Este ha sido llamado modelo hidrostático de las pulsiones y del funcionamiento mental; se basa en la concepción de que existe una excitación homogénea en el cuerpo, equivalente a la presión de agua o al voltaje de un sistema eléctrico… Solamente cuando la búsqueda del objeto entra en escena, cobran significado las actividades relacionadas con la sexualidad y, al tenerlo, entonces pueden ser sometidas a elaboración, formar parte de la fantasía o incluirse en el proceso de desarrollo que puede ser considerado esencialmente mental” (la cursiva es nuestra) (Pág. 37-38).

 

¿Qué se discute de modo singular, cuando se dice que Freud es un neurofisiólogo determinista que piensa con modelos físicos?

De lo anterior, como ya anticipamos,  no vamos a comentar lo que tiene de innovador el planteo de Meltzer. Nuestro foco estará puesto en ver que teorías de Freud, Meltzer cuestiona o deja de lado. No nos anima un respeto reverencial hacia la obra de Freud ni creemos que no se le rinde un homenaje, cuando se crean hipótesis alternativas. Pensamos, sin embargo, que es importante darnos cuenta que se le está discutiendo sustantivamente a Freud cuando se lo describe como “un neurofisiólogo ...” Para ello vamos a destacar algunos de los argumentos que dan fundamento a la caracterización del Freud teórico como un neurofisiólogo determinista que piensa con modelos físicos:

a)                   carencia de significado del instinto sexual en la formulación de “Tres ensayos;

b)                  el modelo hidrostático de las pulsiones y de la mente;

c)                  sólo la inclusión de la búsqueda del objeto hace que lo sexual cobre significado, pueda ser elaborado, forme parte de la fantasía, pueda ser incluido en un proceso de desarrollo que pueda ser considerado mental.

 

a)   carencia de significado del instinto sexual.

Cuando Meltzer habla de esta carencia de significado del instinto sexual  es central comprender a que alude Meltzer con significado. No podemos dejar de evocar para comprenderlo a Susan Isaacs [14] cuando nos dice que “el niño con hambre, anhelo o malestar, experiencia verdaderas sensaciones en su boca, sus miembros o sus vísceras que significan para él    que le hace algo, o que él hace lo que desea tocar o teme. Siente como sí efectuara esto o aquello” (la cursiva es de la autora) (Pág. 93). También digamos que esta misma autora relativiza en el mismo artículo este significado (la cita que sigue pertenece al mismo texto): “por lo tanto cuando decimos (justificadamente), que el niño siente que la madre no le alivia un dolor es una madre “mala”, no queremos significar que tenga una noción clara del hecho negativo de que su madre no suprime la fuente dolorosa. Esto corresponde a una comprensión ulterior” (Ibíd., Pág. 97).

Esta relación entre las apreciaciones de D. Meltzer y la teorización en torno a la fantasía inconsciente  de Susan Isaacs, se puede ver también en las numerosas recapitulaciones que lleva adelante sobre su perspectiva acerca de la evolución del psicoanálisis. Por ejemplo el capítulo 2 de la “Aprehensión de la belleza”[15] comienza con: “la evolución del Modelo de la Mente que subyace a la observación y a las ideas de los psicoanalistas, ha sido callada y encubierta en muchos aspectos, pero sus puntos nodales están claramente marcados por la progresión Freud-Abraham-Klein-Bion. Lo que comenzó como un modelo hidrostático para la distribución de la energía psíquica, siguiendo el espíritu de la física decimonónica, fue modificando gradualmente su analogía. La aparición del aspecto genético dio lugar a la metáfora arqueológica; el reemplazo de la topografía por la imaginación estructural introdujo una comparación social; el reemplazo de mecanismos por fantasía inconsciente, la insistencia en lo concreto de la realidad psíquica y la introducción de un instinto epistemofílico para reemplazar las investigaciones sexuales infantiles de los niños mudaron el modelo biológico de la evolución de la mente del individuo, de una base darwiniana a una base lamarckiana” (Pág. 13).

Respecto de esta cuestión queremos citar a Laplanche en tanto nos permite en este punto expresar  un punto de vista próximo a Freud. Laplanche[16] (1985) opina que Susan Isaacs “considera que las fantasías inconscientes son “una actividad paralela a las pulsiones de las que emanan”, una “expresión psíquica” de una vivencia (la cursiva es nuestra), determinada a su vez por el campo de fuerzas formado por la actividad de los instintos tanto libidinales como agresivos, y las defensas que éstos movilizan; por último, trata de establecer una intima relación  entre las modalidades especificas que adopta la vida fantasmática con las zonas del cuerpo que son asiento del funcionamiento instintual”. Susan  Isaacas, para Laplanche, “con su argumento no aceptaría la concepción freudiana del instinto y la fantasía”... Para ella  “la fantasía  es  la transcripción imaginaria del objeto primero de toda pulsión, que es un objeto específico. El ´impulso instintual´ es vivido necesariamente como una fantasía, … Si la fantasía es para Susan Isaacs una manifestación inmediata de la pulsión, casi consustancial con esta, y en última instancia equiparable... puede pasar rápidamente a funcionar como defensa, toda la dinámica interna del sujeto termina por mostrar este único tipo de organización…lleva necesariamente a sostener que toda operación  mental tiene un doble subyacente que es una fantasía, y que esta puede ser equiparada por principio con la manifestación primaria de un impulso instintual” (la cursiva es nuestra) (Pág. 81-82).

Pensamos entonces que lo que discute Meltzer, con la carencia de significado del instinto sexual,  es, que en la obra de Freud la noción de pulsión:

a-no traiga predeterminada una significación

b-no haya continuidad significativa entre pulsión y fantasía. (Esta falta de continuidad entre representación y pulsión se acentúa en la obra de Freud luego de escribir Más allá del Principio del placer. Luego de este artículo, hay para Freud una brecha mayor, diríamos insalvable entre pulsión y representación.)

c-no exista de un “objeto específico de la pulsión”

         Surgen de la anterior, un par de cuestiones más, muy importantes, que se discuten en esta interfase: d) la oposición entre fantasía inconsciente y teoría sexuales infantiles, que a su vez llevan a considerar,  e) el valor del llamado “instinto epistemofílico”.

        

Sigamos con la segunda objeción que hemos recortado en el planteo de Meltzer:

 

b) El modelo hidrostático de la pulsión y de la mente.

         Pensamos que para examinar la contrapartida en la teoría de Freud a esta objeción, en un primer paso, hay que deslindar modelo hidrostático de la pulsión de modelo hidrostático de la mente. Es parte de la discusión homologar o poner juntos mente y pulsión, o tratarlos como dos fenómenos diversos. Vamos a elegir este último camino.

 

Comencemos por modelo hidrostático de la pulsión. Este modelo –el hidrostático o mejor hidrodinámico-  en rigor sólo subyace explicativamente a  una de las cuatro características que Freud (1915)[17] examina cuando estudia la noción de pulsión: el “esfuerzo” (Drang)[18], el carácter esforzante de la pulsión.

Advirtamos que el principio más general que Freud invoca, como el que a su juicio  rige lo psíquico, no es alguno derivado de la hidrostática o de la hidrodinámica[19], sino  el “principio de inercia neuronal”, que enuncia:  “las neuronas procuran aliviarse de la cantidad”[20], tienden a deshacerse de toda diferencia. De él desprenderá en sucesivos pasos el principio de constancia, el principio de placer, el principio de realidad y el principio de nirvana.

Desde nuestro punto de vista, el modelo físico que conceptualmente está implícito en el “principio de inercia neuronal”, no es como podría pensarse en una rápida homonimia, el principio de inercia establecido por Galileo[21], sino el segundo principio de termodinámica[22]. Este puede enunciarse así: Es imposible construir un motor tal que, funcionando periódicamente, no produzca otro efecto que el de tomar calor de un foco calorífero y convertir íntegramente este calor en trabajo.   El hecho de que el trabajo pueda disiparse completamente en calor y que el calor no pueda convertirse por entero en trabajo, llevó a los físicos a pensar  que existe una tendencia en la naturaleza a evolucionar hacia un estado de mayor desorden molecular. En otras palabras hay una tendencia a la anulación de las diferencias[23], lo que implica una mayor homogeneidad, una menor complejidad, en consecuencia la entropía aumenta. 

La concepción que se deriva del segundo principio de termodinámica es la que  subyace tanto al principio de inercia neuronal, como al modo en que Freud cree que se comporta el afecto. Advirtamos que esta concepción en la obra de Freud hace a la base  conceptual del narcisismo, sobre todo en la vertiente que  enfatiza el anhelo de participar en el “sentimiento oceánico”, lo que luego Andre Green[24] va llamar narcisismo de muerte. Sin duda este principio entrópico también está contenido en la formulación de Freud acerca de la naturaleza “conservadora de la pulsión”: “la meta de toda vida es la muerte” (Freud, 1920[25]). También está presupuesta en la descarga plena que Freud adscribe a la genitalidad; en la misma línea Freud explica, fundamentada en esta tendencia entrópica, el acercamiento amoroso: al enamorarnos buscamos fusionarnos en un solo ser, restaurar el andrógino del que por división surgió la diferencia sexual, tal como propuso Platón en “El banquete”.

En una primera síntesis podemos decir que para esta perspectiva, lo que se le está cuestionando a Freud con el modelo físico, es la tendencia entrópica  que está presupuesta en su teoría, en el carácter conservador de la pulsión definido en Más allá...; en la teoría del narcisismo de Introducción del Narcisismo; en la genitalidad en la teoría de la libido; en el modelo de acercamiento amoroso del enamoramiento; … entre otros.

Es importante destacar entonces, dentro de esta discusión,  que la pulsión, para Freud, no tiende a crear diferencias -si esta surge no es porque esa sea su meta-, sino es por su fracaso en el cumplimiento de su meta. La introducción de diferencias  surge de lo fallido del encuentro amoroso en la consecución de  plenitud –un meta entrópica-. Esta falla, según Freud (Ibíd.), opera como un “factor pulsionante”, que no debe confundirse con la pulsión. La falla por parte de la pulsión, en alcanzar su aspiración introduce una diferencia, que luego el aparato debe contener, inhibir, reprimir, complejizar. En el acercamiento amoroso  se conjugaban entonces dos efectos, lo que en sí mismo constituye una paradoja: una aspiración a la calma –propia de la pulsión- que parece heredera de introducción  al narcisismo en su intento de reproducir lo anterior, y las consecuencias dadas por la imposibilidad de realizar la plenitud anhelada[26], la que si pudiese  ser procesada, complejizada –por parte del aparato-, produciría  lo diverso[27].

Pero no sólo Meltzer cuestiona el modelo hidrostático que supuestamente tiene Freud para pensar la pulsión -y la mente-; el hueso del problema a los ojos de Meltzer es que Freud queda atado a modelos en donde la energía se homologa al afecto. Pero una cosa es discutir si la “energía”, es de la misma “naturaleza” que el “afecto” y otra muy distinta es suponer que la lógica con la que se mueve la pulsión  no es explicable desde un principio entrópico. Meltzer, no sólo discute la suposición de que el afecto y la energía son homologables, tampoco está de acuerdo con la tendencia entrópica que Freud supone que reina para la pulsión: Meltzer como veremos en la próxima cita, va a este main point  apoyándose en su visión en torno al segundo principio de termodinámica, concluye que el ser humano tiende al desarrollo y simpatiza con la adquisición de diferencias. Pero esto nos lleva al segundo punto que propusimos en este apartado: el modelo hidrostático de la mente;

 

El modelo -neurofisiológico e- hidrostático de la mente.

Examinemos, tal como lo anticipamos, la perspectiva de Meltzer en este punto: en “Estados sexuales de la mente”[28] Meltzer (1973)  había planteado, mientras estaba historiando la evolución del pensamiento de Freud sobre la sexualidad infantil y el complejo de Edipo, que por “la segunda ley de termodinámica en su aplicación a la comunicación... el modelo de la mente implícito en la teoría psicoanalítica pasa de un sistema hidráulico (la teoría de la libido) a un sistema de comunicación, en donde se moviliza información más que energía, en donde el principio de organización que prevalece esta dado por el orden y no por el equilibrio, y en donde el principio económico que gobierna tiende al desarrollo y no a minimizar la tensión” (la cursiva es nuestra) (Pág. 51).

Aunque Meltzer  cuando habla de economía de la mente tiene como modelo  la “Política económica”, como también  en su comentario se refiere a la segunda ley de termodinámica, pensamos que quizás aluda a la “Teoría matemática de la información” o sus derivados, o más probablemente a los desarrollos de Prigogine. La primera  la desarrolló Shannon (Adrián Faigón 1999) durante la segunda guerra en sus escritos sobre la economía en la codificación y transmisión de mensajes -la naturaleza nos “informa” acerca de su estado, o mejor, un sistema informa a su entorno acerca de su estado-. El pilar de esta teoría se encontraba en definir la cantidad de información contenida en un mensaje en función  de cuán improbable era para el receptor recibirlo. Esto es: si el receptor esperaba la noticia, entonces el mensaje no le aportaba información ninguna. Inversamente, había más información cuanto menos probable fuese  para el receptor recibirlo.  ¿Cómo se interpreta entonces a la entropía en términos de la información? Esto supone explorar el eje de  la entropía asociada a la probabilidad, y la probabilidad relacionada con la información[29].

         Esto nos lleva a la otra cuestión que plantea Meltzer alrededor de este problema, el orden y el equilibrio. Frecuentemente se asocia la entropía a desorden. Comencemos por definir “orden”, o para ser más preciso que es un “estado ordenado”. En un intento de dar una definición ostensiva podemos decir que  en un lanzamiento de dados, en un mazo de naipes, en una distribución de velocidades moleculares, los estados ordenados son estados en que se reconoce cierto patrón de repetición: todos los valores iguales, valores alternados, formando escaleras, etc. Todos estos estados son pocos respecto de la multitud de estados desordenados, esto quiere decir que tienen baja probabilidad de ocurrir. Baja probabilidad equivale a alta información y baja entropía.

Surge de la perspectiva anterior, si es que rige el segundo principio de termodinámica,  que la evolución natural va acompañada por pérdida de información entre las partes interactuantes, en ese sentido hay un aumento entrópico. No podría desprenderse desde estas consideraciones que se tiende espontáneamente al desarrollo y  a minimizar las diferencias.

Otra mirada es la que se abre a la luz de las ideas de Prigogine[30]. El ha replanteado la relación entre orden y desorden. En el centro de la visión de Prigogine está el lugar constructivo que el desorden entrópico juega en la creación del orden. El caos puede conducir al orden, como ocurre con los sistemas autoorganizantes. Prigogine postula que la complejidad surge espontáneamente y propone una visión del universo, a diferencia de la termodinámica del siglo XIX, que tiene la capacidad de renovarse permanentemente. Desde esta perspectiva, el desorden no interfiere en los procesos de auto-organización, sino que los estimula.

Por lo que hemos discutido hasta acá se ve con claridad, la importancia que tiene en la teoría psicoanalítica el mantenimiento o no de un principio entrópico. Este principio, como hemos mostrado está presupuesto en numerosas teorías psicoanalíticas, por lo menos en las propuestas por Freud (pulsión, narcisismo, etc.). Además vemos que otro problema íntimamente conectado es de donde surge la complejidad. ¿Sí esta surge espontáneamente o si es necesario un trabajo para instalarla?. ¿Sí esta complejidad es un orden precario, o se logra un orden sostenido, esto es un equilibrio? Advirtamos que cuando estamos discutiendo estas cuestiones implícitamente estamos hablando de la pulsión –en particular si contiene en sí un principio ordenador, una tendencia al desarrollo y un anhelo de saber- y de su relación con el “aparato pulsión que “desorganiza”, o si es la misma pulsión, en continuidad con el aparato-mente que tiende al desarrollo?.  ¿El aparato psíquico, introduce un orden que “contiene” todo el “desorden” que la pulsión introduce –exigencia de trabajo psíquico-, o la precariedad del orden que se consigue es que “el aparato” es siempre insuficiente respecto de la pulsión?. Son algunas de estas nociones las que se están discutiendo en esta interfase.

   Es obvio que lo central para el psicoanálisis, no es discutir cual es la mejor versión del segundo principio de termodinámica en física. Pero pensamos con modelos. Es importante, a nuestro juicio si los modelos que elegimos nos sirven para describir los fenómenos de nuestro campo. Para ello no tenemos que confundir el modelo con lo modelizado, en este caso su validez en el campo de la física –el modelo-  y que las cualidades de este modelo –independientemente de su validez en su campo de origen- sirvan para explicarnos fenómenos psíquicos[31] -lo modelizado-.

La discusión que pensamos que nos compete a los psicoanalistas, en esta interfase teórica, es si un principio entrópico describe  las metas de la pulsión, o si por el contrario esta, la pulsión, tiende a la complejidad, al desarrollo. Se suma a lo anterior discutir, también en esta interfase si ¿hay un gap, un hiato, una cesura entre pulsión  y representación psíquica? ¿La organización o complejidad de la representación o de las relaciones entre representaciones están predeterminadas en la pulsión o provienen de un otro orden, esto es lo que introduce “el aparato”?.            

Sigamos con lo que veníamos. Quizás donde Meltzer con  más claridad  exponga la caracterización de un modelo neurofisiológico e hidrostático de la mente es en “Vida onírica[32]”. Cuando describe lo que él llama “la concepción freudiana del sueño como guardián del dormir” afirma que “la base de la teoría  está tan profundamente enraizada en un modelo neurofisiológico de la mente, con su ecuación mente-cerebro, que no puede soportar el peso de una investigación de lo que significa el significado de los sueños” (Pág.9). 

Queremos subrayar que merecería todo un apartado la noción de "mente", sustantivo extraño a la inicial concepción del psicoanálisis, pero que en la teorización de Meltzer tiene tanto valor. Tenemos la impresión que con la noción de mente pierde fuerza, o más aun se discute la idea de sujeto freudiano, sujeto escindido, partido por la represión, determinado por el deseo inconsciente. 

Retomamos lo anterior; fundamenta Meltzer la opinión sobre  Freud expuesta más arriba, en “Vida onírica”, que adoptó el criterio de la época (equivocado según Meltzer a la luz de la investigación posterior)  que lo que diferenciaba los estímulos físicos dolorosos de los placenteros era una diferencia cuantitativa. “Y que Freud asumió este mismo punto de vista respecto del dolor mental. (y sumándose a esto) El modelo de la mente en su conjunto no era favorable a la consideración de los procesos desde un punto de vista cualitativo… Freud estaba predispuesto  a una concepción cuantitativa”. Su razonamiento seguía, polemizando con  la idea de Freud acerca de que el sueño daba cumplimiento a un deseo,  afirmando –que en su lectura- es imposible hacerse una idea clara de lo que Freud quería decir cuando habla de deseo. Se pregunta si con deseo alude a ¿intención, motivo, plan, anhelo, impulso, expectativa? Se contesta preguntándose  sí Freud se referirá a un "anhelo insatisfecho", por el momento insatisfecho . . . sí se referirá a intención ¿existirá un plan de acción que según una esperanza razonable, pueda conducir a su cumplimiento? Para Meltzer no es posible comprender esta idea sin la noción de omnipotencia, con la que según él, Freud no contaba.  Termina con su crítica a esta concepción, diciendo que “la impresión que nos queda de la actitud de Freud hacia los sueños  es que estos tienen escaso interés para el soñante, excepto en la medida que arrojan alguna luz sobre su vida mental inconsciente” (Pág., 11). Avanza aún más cuando discute la concepción de Freud  que afirma que “pensamientos del sueño y contenido del sueño se nos presentan como dos figuraciones del mismo contenido  en dos lenguajes diferentes; …, el contenido del  sueño se nos aparece como una transferencia de los pensamientos del sueño a otro modo de expresión, cuyos signos y leyes de articulación debemos aprender a discernir por vía de comparación entre el original y su traducción”(Pág. 11). Distingue entre la tarea de “comprender y resolver”. Con “resolver” alude a un supuesto intento criptográfico de Freud,  que desnude  lo que  llama “superchería “ (con superchería se refiere a la deformación que Freud afirma se da en el sueño) del sueño. Esta crítica se profundiza cuando examina el papel del censor del sueño. Discute también el modo en que Freud describe el trabajo de sueño, en tanto proceso de deformación -apoyado en las cuatro operaciones: condensamiento, desplazamiento, cuidado en la figuración y elaboración secundaria-, ya que a su juicio desde ellas "se constituye una investigación de un proceso carente de significado)[33] (sic), un proceso en que el significado, en todo caso, es destruido más que creado o incrementado" (Pág. 12.

Presta por último, en su comentario respecto de como él ve "la concepción freudiana del sueño" especial atención al "fenómeno funcional de Silberer". Le rinde homenaje, en tanto a través de ella se logra "la representación simbólica de los estados de ánimo" (Pág., 21). Este a su juicio es uno de los aspectos a privilegiar. El piensa que el fenómeno propuesto por Silberer amenaza toda la estructura de la teoría sobre los sueños de Freud.

También encontramos objeciones de parte de Meltzer, a la noción de represión y por extensión a la de transferencia, tal como la comprende Freud, en “Represión, olvido e infidelidad”[34], entre otros textos. Allí, luego de transcribir un fragmento  de Dora,  muestra como en la transferencia se ve, según Meltzer, la ´habilidad´ que Freud cita como base de reediciones; implica –concepción que Meltzer critica- que el pasado llega a ser aceptable por medio de alguna modificación de su contenido. Subraya –Meltzer- que esta misma idea se encuentra en otro fragmento  que reproduce, en ese texto, de Análisis terminable e interminable en el que se ve “la interferencia con la verdad” por la represión. Concluye que tanto en la forma en que Freud concibe la transferencia como la represión, “subyace la hipótesis que en ambas hay una hábil distorsión de la verdad acerca del modelo primario sobre el cual se basan estas relaciones” (la cursiva es nuestra) (Pág. 297). Más adelante afirma que “la represión es un mecanismo que crea baches en la disponibilidad de experiencias para su recuerdo consciente y su reconstrucción. Estos baches son el resultado de una fantasía inconsciente en la cual algo, ya sea un objeto o sus contenidos, se pierde, o es robado” (Pág. 299). Advirtamos que lo que se objeta, cuando se objeta la represión es algo más amplio, se objeta la noción  de “formaciones de lo inconsciente”[35].

 

Hagamos un breve listado de las nociones freudianas que a nuestro juicio son objetadas por Meltzer en este último apartado:

a) la noción de deseo

Destacaríamos para mostrar en que punto radica la diferencia de enfoque, dos definiciones de deseo en la obra de Freud, para contrastarlos con las objeciones que Meltzer hace a estas nociones:

1-la del Proyecto...: el deseo es para Freud en este texto, el heredero de la marca que deja el objeto de la satisfacción, al ofrecerse y darle significado en consecuencia a la “alteración interna” (protomodelo de la pulsión). El deseo, es en esta definición, el anhelo imposible de reencuentro con aquel objeto, siendo necesario un trabajo, para en esta búsqueda de reencuentro, se “encuentre un objeto sustituto”. El producto de este trabajo es para Freud un pensamiento, no un reemplazo omnipotente del objeto inicial.

2-la de Tres ensayos …: el deseo es el deseo sexual infantil, que por virtud de la represión primaria esta destinado a ser reprimido. . Este deseo retorna a través de “retoños”, deseos sustitutivos, que por medio de un trabajo , termina tomando formas de figuración que son aceptables para su expresión.  Esta transformación  es un rendimiento del pensamiento. Para que haya pensamiento es necesario, en la teoría de Freud, que haya un trabajo, del cual el “trabajo de sueño” es uno de  los ejemplos privilegiados.

b)la noción de represión, solidaria con la existencia de un inconsciente reprimido; una otra escena. Esta noción es la que subyace a la idea de deformación que tiene el sueño según Freud, en común con las otras "formaciones del inconsciente".

c)se desprende de lo anterior que Meltzer cuestiona que intervengan en el "trabajo de sueño" un proceso de “deformación” –a nuestro juicio sólo se puede referir a la condensación, el desplazamiento, el cuidado en la figuración y la elaboración secundaria-. Meltzer postula en cambio el valor que tiene el "fenómeno funcional de Silberer", el cual permite simbolizar la “experiencia emocional”.  Es central para esta visión la capacidad de la mente para representarse a sí misma y dar significado a la emoción en juego. Sería bueno contrastar esta concepción  con la expuesta por Jean Laplanche y Serge Leclaire[36] en su artículo sobre El inconsciente en el Coloquio de Boneval. Es posible que buena parte de los argumentos que estos dos autores despliegan en su critica a Politzer (critica al texto de Politzer Crítica de los fundamentos de la Psicología) sea aplicable al fenómeno de Silberer.  Lacan en  Escritos (1966), en su artículo “De un silabario a posteriori”, había cuestionado la capacidad de la mente de observarse a sí misma, noción presupuesta  en el fenómeno funcional de Silberer.

Es importante, para comprender los distintos puntos de vista en juego en esta cuestión,   discutir en este contexto que se entiende cuando Freud afirma que en el sueño se da “cumplimiento al deseo”. Recordemos que esta postulación de Freud forma parte de una más amplia que dice que el aparato psíquico está al servicio de la realización de deseos, postura que sólo relativiza parcialmente luego de Más allá ...

El cumplimiento de deseo en el sueño –para Freud- se realiza a través de  un sustituto simbólico, y como tal es del orden del pensamiento; no se trata en ese sentido de una ilusión omnipotente, que importa sólo como un fenómeno de descarga para que el soñante siga durmiendo. Suponemos que Freud diría que si es un fenómeno de descarga, pero de descarga secundarizada, producto de la complejización que introdujo el aparato, y no de una tendencia natural o instintiva. Esta descarga  en su teoría es diferenciable de la descarga que presupone el proceso primario.

La distinción entre pulsión y un “aparato psíquico” que complejiza -en el que la represión juega un lugar central- se acentúa en la obra de Freud luego de la segunda tópica. Incluso lleva a repensar las leyes implícitas en el “modelo de la mente” basado en el segundo principio de termodinámica, ya que pasa, manteniendo este principio, de un sistema cerrado a un sistema abierto. Luis Hornstein[37] lo enuncia con agudeza. Nos dice que la noción de Ello introdujo “desorden”. “Trastornó la de inconsciente al menos por dos razones. La relación entre el Ello y el cuerpo otorga a la segunda tópica un carácter “psicosomático” ya que integra un ello-cuerpo desprovisto de representaciones, mientras que el inconsciente de la primera tópica alberga representaciones. Además con el ello, Freud dio un lugar, en su modelo pulsional, a las fuerzas desorganizadoras... La estabilidad psíquica ya no se considera como manifestación de la estructura misma del psiquismo, sino que se tiene que recrear, reconstituir en cada instante según condiciones que surgen y se desvanecen sin cesar. El Yo de la segunda tópica es en sí mismo la resultante de transformaciones permanentes de un psiquismo abierto”. Sigue más abajo: “Dos consecuencias se desprenden,..., de la idea de sistema abierto: 1)las leyes de organización de lo viviente no son de equilibrio sino de desequilibrio, retomado compensado, de dinamismo estabilizado; 2) la inteligibilidad del sistema debe encontrarse en su relación con el ambiente. Si el sistema es “abierto” su existencia y el mantenimiento de su diversidad son inseparables de interrelaciones con el entorno, a través de las cuales el sistema extrae del exterior materia, energía e información” (Pág. 104-105). (Ver en este punto, en el apéndice, la formulación sobre el segundo principio de termodinámica de Classius; él enfatiza que para se invierta la dirección es necesaria una fuente de energía externa, Meltzer seguramente diría un objeto).

En conclusión pensamos que la objeción de Meltzer a lo que llama el modelo neurofisiológico de la mente se basa en que para él Freud no se ocupa  del significado de los  sueños, incluso radicaliza esta posición cuando como vimos que llega a decir que en tanto Freud concibe al sueño como guardián del dormir  (es por el que Meltzer dice que Freud estaba predispuesto  a una concepción cuantitativa) se ocupa u investigación sobre el sueño es sobre un proceso carente de significado (sic), un proceso en que el significado, en todo caso, es destruido más que creado o incrementado".

Esta destrucción de significado de la que habla Meltzer alude a la deformación, que según Freud se realiza en el sueño sobre el deseo sexual inconsciente reprimido, y a al interés –de Freud- al analizar el sueño en lograr “alguna luz sobre su vida mental inconsciente” (sic).

Creemos que se desprende de lo anterior que Meltzer no esta de acuerdo con la noción de inconsciente reprimido, ni con las leyes y mecanismos que Freud describió sobre lo inconsciente en el capítulo VII del Traumdeutung y se entiende entonces su preferencia por el fenómeno funcional de Silberer, el cual a su juicio crearía o incrementaría el significado[38].  

Tampoco estaría de acuerdo con una pulsión, expresión de fuerzas desorganizadoras, y que la complejidad viene dado desde el aparato introduciendo represiones, inhibiciones, sublimaciones, aunque si acordaría en el papel que ocupa en este proceso de complejización el entorno, el objeto. Aunque también aquí habría quizás acentos distintos de acuerdo a como se conciba el objeto. Sabemos que la discusión en torno a la noción de objeto en la obra de Freud es muy compleja y remite a múltiples diferenciaciones. En este caso se trata del lugar del “otro”. En una posible lectura freudiana el otro marca el borde exterior. Un borde que permanece abierto, por su carácter de irreductible respecto del sujeto, un límite a conquistar, a reconocer y/o a negar. La presencia del otro es otro polo que trae “una exigencia de trabajo”, constituye una herida narcisista, que demanda complejidad.

 

c) sólo la inclusión de la búsqueda del objeto hace que lo sexual cobre significado, pueda ser elaborado, forme parte de la fantasía, pueda ser incluido en un proceso de desarrollo que pueda ser considerado mental.

         Probablemente donde queda más evidente, al menos para nosotros, la diferencia de concepción entre el enfoque de Meltzer y el de Freud en este punto es en el ensayo de Meltzer sobre “El claustrum”[39]. Este, El claustrum, es un texto de enorme complejidad,  y sólo nos vamos a ocupar muy parcialmente de algunos de los comentarios atinentes a esta cuestión. En la Pág. 62 afirma que “Desde el punto de vista del modelo de la mente es necesario bosquejar el desarrollo, tanto en términos de self como de objetos”... recalca –en el contexto de su “exploración de las consecuencias del aspecto intrusivo del fenómeno dual de la identificación proyectiva”- que “necesitamos procurar, en primer lugar, una descripción de la geografía y de las cualidades de los objetos internos y, en segundo lugar, trazar las implicaciones metapsicológicas que ello tienen para el self”. En este mismo texto, mientras esta investigando “El papel del claustrum e irrupción de la esquizofrenia”, comienza preguntándose ¿cómo es que una de las partes de la personalidad llegan a vivir en es mundo del ´no lugar´ “ (Pág. 117).  La noción de “no lugar” en la obra de Meltzer es muy sofisticada y examinarla está totalmente por fuera de las intenciones de este escrito. Sólo nos referiremos a ella para mostrar como en su definición interviene una definición “objetal”. Así se responde a esta pregunta con lo siguiente: “dentro de los objetos internos, el mundo claustrofóbico de los estados borderline psicóticos” (Pág. 118). Luego de hacer un pormenorizado estudio sobre las características de la identificación proyectiva, la atmósfera social que reina en este “mundo claustrofóbico” y los valores que allí juegan, concluye que en el mundo claustrofóbico “no pueden surgir lazos emocionales, los que son reemplazados, de manera simulada, por diversos estados de excitación general” (Pág. 120). Más adelante  dice “Esto nos lleva al corazón del problema. Os estoy pidiendo que imaginéis el compromiso de la parte de la personalidad, necesariamente una parte infantil, si hablamos estructuralmente, en su vida en el claustrum. Habréis identificado inmediatamente un inquietante parecido entre esta descripción del mundo claustrofóbico y la que Freud hace del ´compromiso del yo sirviendo a tres amos´ en El Yo y el Ello. Esta visión pesimista de la condición humana, que da tal crédito a conceptos tales como el principio del Nirvana o el instinto de muerte, emana de la vida en el mundo claustrofóbico de la identificación proyectiva y no de la ida en el mundo externo de las relaciones emocionales íntimas, en el que se experimenta la verdad y la generosidad de la naturaleza (con ´n´ minúscula)” (Pág. 121) (la cursiva es nuestra).

La perspectiva que adopta Meltzer, en su énfasis “objetal”, lo lleva en “Estados Sexuales de la Mente”, a definir la “compulsión de repetición” en términos objetales –y no en algo falto de significación que busca inscribirse-. Así dice refiriéndose a la compulsión de repetición: “En la práctica eso significa simplemente que, es tan fuerte el impulso a repetir la forma de relaciones objetales pasadas que estas irrumpirán en la escena cada vez que el impedimento a hacerlo desaparezca” (Pág. 40).

Nos parece importante traer algunos pasajes del Primer Simposio de la Federación Europea de Psicoanálisis, dedicado a la “Pulsión de Muerte”[40], que tuvo lugar en Marsella en 1984, pues allí  se plantearon posiciones que se contraponen en el punto que estamos debatiendo. En este Simposio, como ejemplo de la postura freudiana  Daniel Widlöcher   afirma que con “el concepto de pulsión de muerte ...  se trata de formalizar una teoría general que organice en un sistema explicativo más vasto la interacción de los procesos psíquicos. Fundada en la hipótesis de una tendencia primaria del organismo a la reducción completa de las tensiones, ella quiere entonces dar razón del dualismo pulsional fundamental, de la tendencia a la compulsión de repetición, del origen de la agresividad y de la primacía de la autoagresividad sobre la agresividad dirigida contra otro” (Pág. 11). Desde posiciones similares Jean Laplanche, en esa misma reunión, proponía que “la pulsión de muerte está estrechamente ligada en Freud a la noción del principio del cero o del Nirvana y a la compulsión de repetición cuya insistencia se hace cada vez más evidente en la clínica y en la cura. Como contrapartida  Hanna Segal en su ponencia, dice: “Freud menciona a veces este rechazo a la perturbación como principio de Nirvana. Tal formulación me parece sin embargo una idealización de la muerte y de la pulsión de muerte, afín a la de fusión con un objeto, como en el sentimiento oceánico”.

Resalta a nuestro juicio con claridad, que el punto de divergencia es en torno al principio de Nirvana, lo que obviamente implica como se concibe la pulsión de muerte, en tanto nociones que no implican una “relación de objeto” para la óptica de Freud. Para Meltzer –ni para Hanna Segal- no es pensable una noción  de pulsión que no implique una relación de objeto, y parece objetable un principio de funcionamiento como el principio de Nirvana. Para terminar de redondear la diferencia en cuestión vamos a volver a citar a Meltzer  en el Claustrum, cuando describe su distinta visión sobre la psicosis y nos cuenta su preferencia por la metáfora de John Milton por sobre la descripción de Freud en Schreber. Lo que Meltzer llama “no lugar”, emerge, según su concepción, a consecuencia de la falta de relaciones emocionales intimas y de una cualidad intrusiva de la identificación proyectiva sobre el objeto. Se puede ver la consecuencia de esta diversa visión cuando contrapone “a la descripción que Freud hace de la reconstrucción del mundo de Schreber después de que tuviera lugar la fantasía de destrucción del mundo, y a la de Satán y su cohorte de Ángeles Caídos, pero con materiales infernales, que Milton hace en El paraíso perdido”  (Pág. 118).

 

         d) la oposición entre fantasía inconsciente y teoría sexuales infantiles, que a su vez llevan a considerar,  e) el valor del llamado “instinto epistemofílico”.

Vamos a tratar estos dos puntos como parte de un único problema, ya que a nuestro juicio están íntimamente entrelazados.

La reificación de la fantasía en detrimento de  las teorías sexuales está firmemente enlazada con como Meltzer concibe la transferencia. Su afirmación, congruente con la reformulación kleiniana en este punto, a “considerar que la transferencia es de interés fundamental debido a su inmediatez, es decir, la evidencia inmediata de relaciones infantiles con objetos internos que son externalizados con respecto a la persona del analista” da razón a este punto de vista. 

Contrapongámosla a la visión de Freud (1909 ) y la de algunos de sus comentaristas. Para esta última perspectiva la curiosidad infantil intenta responder a la pregunta ¿de dónde vienen los niños? Se intenta dar respuesta a la causa de sí mismo, al sufrimiento del deseo, al origen de su primer placer través de las llamadas “teorías sexuales infantiles”. De ellos según Avenburg (1998) “nace (a veces, no siempre) la autonomía intelectual, el pensar se emancipa y deviene la pulsión de investigación (la cursiva es nuestra)”. No se trata de un instinto en la teoría freudiana que tiene una presencia inicial. No hay en ese sentido en la teoría de Freud un “Instinto epistemofílico”. El “anhelo de saber” es una consecuencia de tratar “desde su propio cuerpo” un enigma: aquel del cual desde un no ser surge el niño. Con ese “conocimiento”, se tiene la ilusión de recubrir un interrogante sobre como es la sexualidad de la pareja parental, el enigma de su placer y de lo que podría ser la causa de su deseo. Luis Hornstein (Ibíd.) Dice en este punto que: “el niño no está ante ciertos enigmas. El niño es ciertos enigmas” 

 

Epílogo

Hemos querido en este escrito contribuir a armar un listado de problemas, que se plantean en esta  importante interfase teórica. Esperamos que sirva a una mejor comprensión de las diversas posturas.

 

 

 

Bibliografía.

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-Widlöcher, D., (compilador), 1984, La pulsión de mort, Presses Universitairès de France, París. También en castellano La pulsión de muerte, Amorrortu, Bs. As., 1989.

 

 

 

Apéndice (Este apéndice está extraído de “Intento de explicación de la segunda ley de termodinámica y su significado” de Adrián Faigon. Al escrito el Dr. Adrian Faigon le debo  mucho sobre la comprensión de los problemas  que en este trabajo discuto)

Intento de explicación de la Segunda Ley y su significado.

La Primera Ley de la Termodinámica expresa que el calor, al igual que el trabajo mecánico, es un vehículo de intercambio de energía entre cuerpos. Explica así la posibilidad de que un mecanismo adecuado tome calor de un cuerpo y lo convierta en trabajo sobre otro o viceversa.

La Segunda Ley de la Termodinámica se formuló originalmente con referencia a ciertas limitaciones o imposibilidades de dichos mecanismos, las máquinas térmicas, máquinas conversoras de calor en trabajo mecánico.

Distintas formulaciones de esta ley se conocen con el nombre de sus autores.

A posteriori de las formulaciones de Carnot, Lord Kelvin (1851) planteó: No es posible la construcción de una máquina cuyo único resultado sea la conversión en trabajo del calor extraído de una única fuente de calor -de igual temperatura en todos sus puntos-. Para entender la formulación de Kelvin,  único resultado significa que al cabo del proceso, todo el resto de cosas se encuentre igual que al principio, de modo de poder iniciar un nuevo ciclo y así transformar de modo continuo calor en trabajo. De este modo, la formulación expresa que la máquina térmica que convierta calor en trabajo debe intercambiar calor con al menos dos fuentes, una de temperatura alta de la cual toma calor y otra a temperatura más baja a la cual debe necesariamente ceder parte del calor absorbido de la otra para regresar a su estado original y poder funcionar de modo continuo. La diferencia entre ambas cantidades es el calor neto que puede convertir en trabajo.

Otra formulación sobre esta misma ley es la de Clausius (1850). Él dice: no es posible una máquina que por único resultado de su funcionamiento tome calor de una fuente fría y lo deposite en una más caliente.[41] No es que eso no se pueda. De hecho cualquier heladera o aire acondicionado hace eso: toma calor del ambiente frío y lo deposita en el exterior más caliente. Lo que dice Claussius es que eso no se puede hacer sin que ocurran cambios en algún otro lado, por ejemplo sin que se consuma electricidad.

¿Qué tienen de común ambas formulaciones, se pregunta Faigón (2000)? Las dos afirman la imposibilidad de ocurrencia de ciertos procesos “sin cambios en otra parte”; procesos que ocurriendo en sentido inverso no solo son posibles sino que ocurren espontáneamente. El opuesto del que refiere Claussius es el flujo de calor de un cuerpo caliente a uno frío, hecho que ocurre espontáneamente y que no produce ni requiere cambios adicionales en ninguna otra parte. El opuesto de Kelvin es la transformación de trabajo en calor, hecho que ocurre también espontáneamente en todo movimiento con rozamiento. En los textos se muestra que si la formulación de Clausius no fuese cierta tampoco lo sería la afirmación de Kelvin y viceversa, demostrando que las dos dicen lo mismo.

He aquí el significado esencial de la Segunda Ley (ibid): hay procesos que en la naturaleza ocurren espontáneamente; se pueden forzar a ocurrir en sentido inverso pero no sin cambio en algún otro lado. Es decir hay acá una diferenciación entre las dos direcciones en las que ocurren los cambios en la naturaleza: una dirección preferencial, aquella de la ocurrencia espontánea (el calor fluye del cuerpo caliente al frío); y otra que pese a que también se puede observar, ocurre “forzadamente” (del frío al caliente, requiere trabajo) lo cual se expresa arriba diciendo que requiere de cambios en otras partes.

 

La entropía y la formulación entrópica de la Segunda Ley

Clausius dio una formalización matemática y una mejor comprensión al introducir la magnitud Entropía (1865). La magnitud no tiene en sí nada de misterioso en la medida en que está bien definida, definido el modo en que se puede medir, y definido el modo en que se debe calcular. La variación de entropía de un cuerpo (que es en realidad todo lo que interesa) es el calor absorbido por el cuerpo dividido la temperatura del mismo.

Cuando se calcula la variación de entropía ocurrida en todos los cuerpos involucrados en un cambio espontáneo se encuentra que ésta siempre crece. De modo que en el proceso inverso (calor del cuerpo frío al caliente), decrece … Pero se dijo que este proceso inverso es forzado, requiere de otros cambios que también tendrán su variación entrópica. Si se suman, como antes, las variaciones entrópicas de todas las cosas que cambian se encuentra, que la variación total es positiva, o que la entropía total también crece.

¿Qué es lo bueno de esto? Da un modo sencillo de expresar todo lo anterior:

No ocurren en la naturaleza procesos cuyo resultado sea una disminución de la entropía. O, de otro modo, todo cambio en la naturaleza va acompañado de un aumento de entropía. Este enunciado equivale a los de Kelvin y Clausius.

La segunda ley de la Termodinámica establece la dirección en la que ocurren los procesos en la naturaleza. Esta dirección corresponde a la desaparición de diferencias (de temperatura, de concentraciones, de presiones, etc.) hacia estados indiferenciados, uniformes en su desorden; los que, por no ocurrir ya cambios distinguibles, se denominan estados de equilibrio.  Termodinámicamente son los de máxima entropía, estadísticamente los de mayor probabilidad. Vista la interacción como proceso de comunicación se dirá que el proceso ocurre en el sentido de la pérdida de información.

Se comenzó distinguiendo entre cambios espontáneos y forzados, y se concluyó en una formulación simple donde todo lo que ocurre tiene una común característica, el aumento entrópico.



*Este texto fue presentado en el año 2000 para optar al premio “Storni”, instituido por APA.  Este premio  se otorga al mejor trabajo teórico-psicoanalítico. Obtuvo el primer premio.

[1] Este trabajo está redactado en plural como una muestra del reconocimiento que tengo para los que me ayudaron a pensarlo y escribirlo. En primer lugar al Dr. Adrián Faigon, sin cuya invalorable ayuda no podría haberlo hecho. Con mucha generosidad, el Dr. Faigon,  escribió a mi pedido un texto, entendible para no expertos sobre el segundo principio de termodinámica. Esto requirió un enorme esfuerzo de su parte  para lograr en pocas palabras algo preciso, claro, y sin tecnicismos sobre un tema habitualmente oscuro en los libros de física. El apéndice así como buena parte de las citas están extraídas  de ese escrito que el me envío (Intento de explicación de los principios de Termodinámica, 1999, Adrian Faigon, no publicado). La utilización de ellas corre por mi cuenta. También estoy muy agradecido por la lectura y sus comentarios a Jorge Ahumada, Ricardo Avemburg, Juan Bricht, Felisa W. de Fisch, Luis Hornstein, Julio Moreno, Silvia Nussbaum, Leonardo Peskin, Daniel Rodríguez, Horacio Rotemberg  y Guillermo Seiguer.

[2] De George Steiner, 1975, Después de Babel. Aspectos del lenguaje y la traducción. Fondo de cultura económica, México, 1995

[3] Ricardo Bernardi 2000, “la función del debate en psicoanálisis”, Ficha.

[4] Creemos, que las teorías son, como afirma Bertrand Russell, sólo “ficciones simbólicamente construidas”. La máxima de Russell  en este punto –con la que acordamos- es “dondequiera que sea posible hay que remplazar las entidades inferidas por construcciones”.  Para él inferir entidades es tender a poblar ontológicamente el mundo. De Ferrater Mora, 1979, Diccionario de Filosofía, apartado sobre “construcción”, Alianza, Madrid, 1984.

[5] Bleger, J. ,1970, “El grupo  como institución y el grupo en las instituciones”, conferencia dictada en las V jornadas Sul-Riograndenses de Psiquiatría dinámica de Porto Alegre, del 1 y 2 de mayo de 1970. También Temas de psicología. Entrevistas y grupos, Nueva Visión, Bs. As, 1971 y en La institución y las instituciones compilado por R. Kaës (1998), Paidos, Bs. As.

[6] Theodor Adorno , (1950, La personalidad autoritaria, Editorial Proyección, Bs. As., 1965 ) dice que las palabras se convierten en jerga por la constelación que niegan, por el porte de unicidad. El trato empírico con las palabras para el locutor y el oyente de una jerga crea el espejismo de inmediatez física, como sí fueran parte de una lengua verdadera y revelada.

[7] Jacques Derrida, 1994, Márgenes de la Filosofía, Cátedra, Madrid,

[8] De (1980) El Nombre de la Rosa, Editorial Lumen, Bs. As., 1985, Pág. 596.

[9]No deja de ser un problema interesante  porque un analista elige una determinada teoría -buena parte de lo que digo en este pie de página, proviene de charlas que he tenido sobre este tema con Felisa Fish-.

En un arranque de optimismo, quizás podríamos pensar que se privilegia una supuesta racionalidad y se adhiere a la teoría más rica heurísticamente. Creemos que aunque este punto de vista es tenido en cuenta, también se “prefieren”  unas teorías y no otras por razones personales, por la historia de cada sujeto, por el entorno en el cual vive y piensa, en suma su serie complementaria. . Esto no sólo ocurre en nuestro campo, también está presente en las “ciencias duras”. Paul Forman, un discípulo de Kuhn,  en Cultura en Weimar, causalidad y teoría cuántica, (Alianza, Madrid, 1984) describió como los físicos alemanes durante los escasos años transcurridos entre el Tratado de Versailles -que señaló el fin de la primera guerra mundial- y el pleno desarrollo de la mecánica cuántica acausal, repudiaron la idea de causalidad por razones sólo incidentalmente relacionadas con el desarrollo de su propia disciplina. La influencia de las corrientes irracionalistas, que encontraron en “la Decadencia de Occidente” de Oswald Spengler su más popular vehículo de difusión y los cambios de valores en la República de Weimar, heredera de la derrota militar alemana, desempeñaron un papel decisivo, a juicio de Forman, en este viraje. Forman estudió  como en la formulación de la teoría cuántica había una respuesta socialmente determinada, por parte de los físicos y los matemáticos alemanes, a un ambiente intelectual hostil a “lo racional”,  a “lo causal”.

 

[10] (Adán y Eva) consumían de este modo infructuosamente las horas en sus mutuas querellas, pero no reconociéndose culpables, ni uno ni otro parecían dispuestos a poner fin a su vana disputa. Del “Paraíso perdido”

[11] En rigor pensamos que tal objeción aunque entendible es irracional. Suponerla racional, presupondría que habría un modo adecuado de citar, que se podrían hacer citas no sesgadas.

[12] Visita a Montevideo del Prof. Serge Leclaire de la Escuela Freudiana de París, APU, 1972.

[13] Meltzer, D., 1978, The Kleinian Development, Roland Harris Educational Trust Library, London; Desarrollo Kleiniano, Spatia, 1990, Bs. As. 

[14] Susan Isaacs, 1943, Naturaleza y función de la fantasía, en Desarrollos en Psicoanálisis, Klein y col., Horme, 1967, Bs. As.

[15] Donald Meltzer, Aprehensión de la belleza, Spatia, Bs. As, 1990.

[16] Laplanche, J., 1985, Fantasía originaria, fantasía de los orígenes, orígenes de la fantasía, Gedisa,  Bs. As, 1986. 

[17] S.Freud, 1915, Pulsiones y destinos de la pulsión, O. C. , Tomo XIV, Amorrortu, Bs. As.

[18] “Por esfuerzo (Drang) de una pulsión se entiende su factor motor, la suma de fuerza o la medida de la exigencia de trabajo que ella representa (repräsentieren)” de S. Freud, Pulsiones y destinos de pulsión, O.C. Tomo XIV, Pág. 117

[19] Si el modelo que subyace a la concepción de Freud  hubiese sido el hidrostático, se trataría del principio de Arquímides: El fluido ejerce sobre el cuerpo una fuerza vertical y dirigida hacia arriba, que es igual al peso del fluido que ocupaba inicialmente el espacio limitado por la superficie, y  cuya línea de acción pasa por el centro de gravedad”, , pág. 226); si  fuese  un modelo hidrodinámico, hubiera sido probablemente el Teorema de Bernoulli, que relaciona la presión, la velocidad y la altura a lo largo de una línea de corriente  (Pág., 248) de Sears y Zemansky, 1952, Física General, Aguilar, Madrid, 1958. Es evidente para nosotros que no son estos los modelos que tiene Freud in mente cuando piensa el aparato psíquico.

[20] Proyecto de una psicología para neurólogos, 1895, O.C. Tomo I, Amorrortu, Bs. As., Pág.340.

[21] Alexander Koyre dice que: “La ley de inercia es una ley sumamente sencilla: se limita a afirmar que un cuerpo abandonado a sí mismo persiste en su estado de inmovilidad o de movimiento hasta que algo modifica su estado” de Alexander Koyre, 1966, Estudios Galileanos, Siglo XXI, Madrid 1980, Pág. 150. El movimiento entonces según el principio de inercia no resulta de la naturaleza del móvil. El cuerpo es indiferente frente a los distintos  estados, esto es los movimientos

El principio de inercia implicó un enorme salto conceptual, permitió enunciar una ley sobre el movimiento no basada en observables empíricos, pero que si explicaba lo que ocurría en ellos. La ley de inercia tal cual fue formulada por Galileo rige en un espacio vacío, sin roce y permite comprender el movimiento en un espacio como el que percibimos y vivimos. Tuvo el mérito adicional de clausurar la tradición aristotélica que diferenciaba  movimientos “naturales” y  “violentos”, que tomaba sus fundamentos para esta clasificación desde lo observable tamizado por un supuesto sentido común. Freud aunque no se base en los enunciados del principio de inercia, si se basa en su espíritu: la formulación de leyes o modelos que rigen en espacios virtuales –lo inconsciente- que explican fenómenos concientemente percibidos o empíricamente observables.

[22] Sadi Carnot, contribuyó hacia 1824 decisivamente a la posterior enunciación del segundo principio de termodinámica. Para comprender su postura hace falta saber que en su tiempo era admitida de modo general “la teoría del calórico” considerado como un fluido indestructible. Se suponía un flujo de calor por un motor, desde una temperatura superior a una inferior; también –en consonancia con el primer principio de termodinámica, el principio de conservación de la energía- que durante un intervalo de tiempo entraba y salía igual cantidad de energía, pero durante el paso se producía energía mecánica que daba origen a trabajo mecánico. Esto fue cuestionado por Carnot. Él pensaba en primer lugar que se suministra energía al motor, en forma de calor, a una temperatura relativamente elevada; segundo, que el motor realiza trabajo mecánico; tercero, que el motor cede calor a temperatura inferior. Pero aunque se conserve la energía como dice el primer principio de termodinámica, esta conservación de la energía no implica procesos de transformación sin disipación; en términos más estrictos ningún motor puede transformar el 100% del calor en trabajo mecánico, siempre parte del calor se disipa. Para una discusión más extensa ver Apéndice

 

[23] El calor fluye espontáneamente del cuerpo más caliente al más frío, los gases del lugar de mayor presión al de menor presión, la sal se disuelve en agua. Esta anulación de las diferencias es lo que lleva a caracterizar el resultado de este “espontáneo fluir” como un menor orden   .Ver  Apéndice.

[24] Andre Green, 1983, Narcisismo de vida, Narcisismo de muerte, Amorrortu, Bs. As., 1986

[25] Freud, 1920, Más allá del principio del placer, Tomo XVIII, O.C., Amorrortu, Pág. 38

[26] Pensamos que tomar en cuenta esta paradoja, daría bases para reconsiderar la genitalidad, dejar de adscribirla a la plenitud que se alcanza en el orgasmo y en cambio repensarla desde  ese accidente que inaugura la diferencia, opción – que a nuestro juicio- habría que adjudicársela.

Sí así lo hiciéramos  sería posible entender la genitalidad no como la consecuencia de una continuidad evolutiva, ni de la plenitud obtenida en la descarga instintiva, sino de aquello que se abre paso justamente  en la dificultad a la descarga, en lo fallido de la experiencia plena, y su condición de posibilidad el que la diferencia sea tolerada. En eso radica, a nuestro juicio, la mayor complejidad de la genitalidad; deja de ser entonces, como lo señalara Balint[26] (1947), sólo un fin pulsional”. Este rodeo viene a cuento de que la complejidad viene de la mano, no de la pulsión, sino de un aparato que tiene que introducir inhibiciones, represiones, sublimaciones, simbolización (R. Moguillansky y G. Seiguer,1992, Reconsideraciones dobre la genitalidad en, La vida emocional de la familia, Lugar, 1996, Bs. As).

[27] Con  “diverso” aludimos a la complejidad  que implica el pasaje –esta discriminación terminológica y conceptual que le debemos a J.Laplanche (1980)- de la diferencia (Unterschied) a la  diversidad (Verrschiedenhetit). Esta distinción se apoya en las que realiza Greimas en su cuadrado semiótico entre contrario y contradictorio; diferencia se aparea con contradictorio (afirmar un término es negar el otro y recíprocamente; los contradictorios se excluyen mutuamente) y diverso con contrario (negar un término no es forzosamente afirmar el otro; los contrarios pueden coexistir). La noción de diversidad –en tanto clausura una lógica binaria, en donde la afirmación de una cualidad no implica la negación de la misma en el otro- permite el pasaje de concebir las diferencias sexuales como complementarias según la  lógica binaria fálico-castrado, a una lógica que al incluir lo diverso, dan acceso a lo masculino-femenino, como no complementarios. 

[28] Meltzer (1973), “Estados sexuales de la mente, Kargieman, Bs. As., 1974 

[29] Adrian Faigon (2000) explica que sobre el fin del siglo XIX se había desarrollado una conexión entre la mecánica y la termodinámica que se dio en llamar Mecánica o Termodinámica Estadística. En ella se consideraba los cuerpos macroscópicos como conjuntos de un número muy grande de partículas microscópicas (átomos o moléculas) que se mueven siguiendo las leyes de la mecánica, sujetas a la acción de fuerzas y choques. Las magnitudes termodinámicas  -temperatura o presión-, son expresiones promedio de los valores individuales (de cada molécula) de magnitudes mecánicas: energía cinética para la temperatura, variación de momento en los choques contra las paredes para la presión.

Es claro que el mismo promedio de energía, se obtiene con distintas distribuciones de la energía entre las partículas. El número de distribuciones (configuraciones microscópicas del sistema se dice) compatibles con un promedio dado está asociado a la entropía. El número de configuraciones es proporcional a la probabilidad del estado. Así la evolución de un sistema hacia el máximo entrópico se interpreta como la evolución hacia el estado de mayor probabilidad. El entorno –aquello que interactúa con el sistema—conoce del mismo solo los valores promedio; que como son los de mayor probabilidad transmiten la menor información. El saber más, ganar información, acerca de la configuración interna o microscópica de un sistema es equivalente a disminuir su entropía; así se asocia información con “neguentropía”, término acuñado por Brillouin para la entropía cambiada de signo.

 

[30] Nicolis, G. y Prigogine I., 1977, Self-Organizations in Nonequilibrium Systems: From Disipattive Structures to Order Through Fluttuations, Nueva York: Wiley, 1977.

[31] El psicoanálisis ha echado mano a modelos de diversas disciplinas. Muchos de ellos los seguimos usando aunque en su campo han sido abandonados. Un ejemplo de ello es la hipótesis antropológica mediante la cual Freud explica el pasaje de la naturaleza a la cultura en “Tótem y Tabú”.

[32]Donald Meltzer,  Dream life, Clunie Press, for The Roland Harris Trust Library, Vida onírica, Tecnipublicaciones, Madrid, 1987.

[33]He planteado de modo reiterado, desde el comienzo mismo de este escrito, que no es el centro de esta comunicación explorar la conceptualización de Meltzer, es en cambio explorar que teorías de Freud Meltzer con su teorización deja de lado. Sin embargo como he mostrado como Meltzer cuestiona en la teoría de Freud  “la falta de significado del instinto”, pensé que para una mejor comprensión de lo que se discute, aclarar que a Meltzer también la incertidumbre, lo no significado, se le hace necesario en su modelo. Más tarde estas categorías adquieren un importante lugar en su obra cuando conceptualiza el conflicto estético: “La bella madre abnegada común presenta, a su bello bebé común, un objeto complejo de increíble interés, interés tanto sensual como infrasensual. Su belleza externa, concentrada como debe estar en su pecho y en su cara, complicada , en cada caso, por los pezones y los ojos, lo bombardea con una experiencia emocional de carácter apasionado, consecuencia de estar capacitado para poder ver a estos buenos objetos como bellos. Pero el significado del comportamiento de la madre, de la aparición y desaparición del pecho y de la luz en sus ojos, de una cara por la que pasan las emociones como las sombras de nubes por el paisaje, es desconocido para él” (la cursiva es nuestra) (Meltzer, El conflicto estético en La aprehensión de la belleza, Pág. 28, Spatia, Bs. As., 1990)

“A partir del entendimiento de que se registra una atormentadora incertidumbre acerca de las cualidades internas del objeto estético, es posible expresar la idea de la fuerza yoica como una capacidad negativa” (Meltzer, Claustrum, Spatia, Bs. As., pág. 61).

“El aspecto de esta teoría más significativo a este proposito y sin la cual la idea del conflicto estético y su lugar en el desarrollo y en el proceso analítico no sería posible, es la nueva formulación de Bion sobre los afectos, L, H y K…Esta teoría deja completamente fuera del ámbito del instinto toda idea de maldad o destructividad y, por consiguiente, de constitucional o genética. La emocionalidad (la cursiva es nuestra), en cambio, que es el corazón del problema de la vida de la mente, de las relaciones intimas y apasionadas, y en consecuencia del crecimiento de la personalidad, es enfocada como luchando por expresarse aceptando la turbulencia que la emoción conlleva” (ibid, pág. 153).

Sería interesante discutir las ventajas heurísticas que tiene ubicar lo indeterminado en la pulsión, o lo que es lo mismo, en la incapacidad del aparato de significarla, o en el interior de la madre como está implícito en el conflicto estético. Creemos acompañados por el comentario de Freud en este punto en el Traumdeutung que se trata de una falsa opción; pensamos que en los dos lugares nuestra comprensión debe lidiar con puntos de indeterminación.

 

[34] Meltzer, D., 1974, Represión, olvido e infidelidad, publicado en el Boletín Científico de la Asociación Psicoanalítica Británica, y luego recogido en la Compilación hecha por Alberto Hahn (1994) en Sincerety and other works,

 

[35] Meltzer en tanto cuestiona la idea de un inconsciente reprimido, cuestiona implícitamente la idea de  formaciones del inconsciente. En cambio eleva al sueño a una jerarquía superior, a las otras formaciones del inconciente,  otorgándole la función de creador de significados; creemos en esta línea que es destacable en la teorización de Meltzer, la perdida de relevancia que tiene el chiste, el lapsus, etc., en la teoría freudiana.

[36] Jean Laplanche y Serge Leclaire 1966, “El inconsciente un estudio psicoanalítico”, en El inconsciente (Coloquio de Boneval), bajo la dirección de H. Ey, Siglo XXI, Bs. As., 1975

[37] Luis Hornstein, Narcisismo, Paidos, Bs. As. 2000

[38] Es un problema apasionante pensar como se incrementa el significado. En un intento de enriquecer la discusión reproduzco una párrafo del Prefacio de Roland Barthes a sus Ensayos críticos en tanto los creo pertinentes a esta cuestión: “Un amigo acaba de perder un ser querido, y quiero expresarle mi condolencia. Me pongo a escribirle espontáneamente una carta. Sin embargo, las palabras que se me ocurren no me satisfacen: son frases: hago frases  con lo más afectivo de mi mismo; entonces me digo que el mensaje que quiero hacer llegar a este amigo, y que es mi condolencia misma, en resumidas cuentas podría reducirse a unas pocas palabras: recibe mi pésame. Sin embargo, el fin mismo de la comunicación se opone a ello, ya que sería un mensaje frío, y por consiguiente, de sentido contrario, puesto que lo que quiero comunicar es el calor mismo de mi sentimiento. La conclusión es que, para dar vida a mi mensaje (en resumidas cuentas para que sea exacto), es preciso no sólo que lo varíe, sino además que esta variación sea original, como inventada. En esta sucesión fatal de condicionamientos reconocemos a la literatura misma (que mi mensaje final trate de escapar a la literatura no es más que una variación última, una argucia de la literatura). Como mi carta de pésame, todo escrito solo se convierte en obra cuando puede variar, en determinadas condiciones, un primer mensaje (que quizás también el sea: amo, sufro, compadezco). Estas condiciones de variaciones son el ser de la literatura, y al igual que mi carta, finalmente sólo pueden tener relación con la originalidad del segundo mensaje. Así lejos de ser una noción crítica vulgar (hoy inconfesable), y a condición de pensarla en términos informacionales (como el lenguaje actual lo permite), esta originalidad es por el contrario el fundamento mismo de la literatura; ya que sólo sometiéndose a su ley tengo posibilidades de comunicar con exactitud lo que quiero decir. En literatura, como en la comunicación privada, cuanto menos falso se quiere ser, tanto más original hay que ser, o, si se prefiere, tanto más indirecto”. Creemos que Barthes afirma que la verdad se alcanza cuando más indirecta es la relación que tiene el mensaje con lo que quiere comunicar. Nos preguntamos, y preguntamos a nuestros lectores si habrá alguna relación entre la deformación freudiana, y lo indirecto que pregona Barthes como modo de expresión. 

[39] Meltzer, D., Claustrum, 1992, Spatia, Bs. As., 1994.

[40] Publicado en 1984, La pulsión de mort, Presses Universitairès de France, París. También en castellano La pulsión de muerte, Amorrortu, Bs. As., 1989

[41] en el paper original se traduce "Heat cannot of itself pass from a colder to a hotter body." (resaltado por Faigon 2000)